Y otro veneno le cura;
Que este es el último extremo
De un hombre celoso, pues
No puede, ni yo lo creo,
Hacer de su parte más
Que decir: «Quejoso vengo
A creer cuanto digais;
Y pues que vivir no puedo,
Hacer que muera del gozo,
Si he de morir del tormento.»