De aquel soberbio Nabuco,
A cuyo valor y á cuya
Majestad obedecieron
Hado, poder y fortuna;
De aquel rayo de Caldea,
Que, desde la esfera suya
Flechado, Jerusalen
Llora su abrasada injuria;
De aquel que á cautividad
Redujo la sangre justa
De aquel soberbio Nabuco,
A cuyo valor y á cuya
Majestad obedecieron
Hado, poder y fortuna;
De aquel rayo de Caldea,
Que, desde la esfera suya
Flechado, Jerusalen
Llora su abrasada injuria;
De aquel que á cautividad
Redujo la sangre justa