Mas no sin Entendimiento,
Que áun despeñado me acusa.
¿Qué frenesí, qué letargo,
Qué ira, qué rabia, qué furia,
Se va de mí apoderando?
El áspid era sin duda
El que, con humano rostro,
Bien que inhumana hermosura,
Me dió la hechizada poma;
Pues helado el pecho, muda