Con que á nuestro reverendo

Muy blanda le pareció;

Y aunque el hambre pudo hacello,

Atribuyéndolo á aquello,

En la cama se acostó.

Estaba la cama dura,

Tanto que le tenía inquieto;

Y él, cayendo en el secreto,

Pegarla á los piés procura

La luz. Dijo, al ver la llama