Sobre dos desnudas peñas

Cuatro mal vestidas zarzas,

El monstruo ví, á cuyo horrible

Asombro volvió la espalda

La amedrentada cuadrilla,

Y yo absortamente helada,

«¿No hay quién me socorra?» juzgo

Que dije, y di desmayada

En tierra, donde no supe

De mí (¡ay infelice!), hasta