Que en los brazos de los dos
Perdí el susto y cobré el habla.
Y pues se deja inferir
Que mañosamente incauta
La fiera, estaba en acecho,
Y al ver tanta gente y armas,
A ocultarse al monte iria,
Con el instinto que alcanza,
Quizá heredado de quien
La dió el nombre, pues la llaman