[133] Véase á Ambrosio de Morales, lib. XIII, cap. XLIV, refiriendo la ocasion del martirio de las dos santas vírgenes Nunilo y Alodia, y al P. Roa en su Flos Sanctorum de Córdoba, copiando de S. Eulogio la breve memoria de los protomártires Adulfo y Juan.

[134] «Si algun cristiano entrare en la mezquita, ó dijere mal de Dios ó de Mahoma, tórnese moro, ó sea muerto,» decia el fuero de Coimbra. Una nueva ley de Abde-r-rahman II prescribia que al cristiano que entrase en una mezquita se le cortasen los piés y las manos, y por otra se mandaba que el que injuriase á algun mahometano fuese azotado, y el que le hiriese fuese muerto. Ecce enim lex publica pendet, et legalis jussa per omne regnum eorum discurrit, ut qui blasphemaverit flagelletur, et qui percuserit occidatur. (Alvaro. Indículo luminoso, núm. 6, pág. 228 de la edicion de Florez.)

[135] Llamábanle en efecto sus súbditos el victorioso (Abú-l-motref) y tambien padre de los vencedores (Abú-l-modhaffer).

[136] Los árabes en efecto no daban tormento corporal á los cristianos infractores de las citadas leyes: cuando cualquier cristiano, movido de su celo y fervorosa fé, hablaba en público contra Mahoma ó su secta, era acusado y preso, y si perseveraba en su propósito lo degollaban, sin azotarle ni darle otra pena, porque la legislacion musulmana prohibia que al que habia de sufrir pena de muerte se le diese ningun otro castigo. Nadie obligaba, pues, á los cristianos á apostatar: podian permanecer en su religion sin ser molestados siempre que ellos no se propasasen á desobedecer las citadas leyes penales, y es claro que la generalidad de los mozárabes, que no se sentian animados de un estraordinario valor, cumplian con sus deberes religiosos y se justificaban á los ojos de Dios obedeciendo sumisos aquellas prohibiciones. ¿Mas habráse de deducir por esto que no era loable y muy de envidiar el santo celo de los mártires, que burlándose de las humanas leyes y de sus opresores se presentaban espontáneamente á declarar su fé y á vituperar los errores del mahometismo? De ninguna manera: ¿quién podrá disputarle á Dios, que inflamaba sus corazones y movia sus lenguas, el derecho de suscitar esos testigos heróicos de la verdad en los tiempos lastimosos en que reina y prevalece el error? Téngase por seguro que cuando la causa es de justicia y en favor de la verdad, la obra es de Dios, parezca lo que quiera. De buena gana entraríamos en algunas esplanaciones sobre este punto, porque son muchos los que todavía consideran á los gloriosos mártires de la persecucion sarracénica como víctimas mas de su deplorable fanatismo que de la saña de los musulmanes; pero habiendo sido este error victoriosamente confutado por el P. Florez (trat. 33, cap. 10, §. II de la España Sagrada), el cual discute ampliamente todos los argumentos alegados contra los referidos mártires desde su mismo tiempo por los mahometanos y por los cristianos tibios ó apóstatas, parece inútil y hasta presuntuoso acometer con poca erudicion sagrada una cuestion de tamaña importancia en una simple nota, escena indigna de personages tales como S. Cipriano y S. Isidoro que en ella figuran.

[137] Hija de un cristianismo adulterado, la iglesia nestoriana de Oriente, arraigada desde el VI siglo en las mas florecientes regiones del Asia, en la India, en la Arabia feliz, en Socotra y en la Bactriana, entre los Hunos, los Persarmenios, los Medos y los Elamitas, con sus obispos, sus pseudo-mártires y sus sacerdotes, ejerció una accion tan poderosa en las tendencias del mahometismo naciente por medio de sus misioneros, que se asegura que Mahoma debió al trato y escuela del monge nestoriano Sergio casi toda la instruccion bíblica de que se auxilió para tejer las rapsodias de su Koran. Así los cristianos caldeos y los sarracenos procedieron desde los años primeros de la Egira como aliados y amigos. El falso profeta celebró con aquella secta un famoso tratado, que bajo el título de Testamentum Mahometi dió á luz en árabe y latin en París Gabriel Sionita el año de 1630, y cuya sustancia se contiene tambien en tres escritores sirios, Bar Hebræus, Maris y Amrus, que incluye Assemani en el tomo IV, pág. 59 de su Biblioteca oriental. Por este tratado de paz concedia Mahoma á la comunidad nestoriana muy importantes exenciones y privilegios. Ultimamente, compruébase la gran tolerancia de los Arabes para con los cristianos de la Iglesia Caldea por la carta del patriarca Jesujabus á Simon, metropolitano de una ciudad persa, que contiene esta notable manifestacion: «Hasta los Arabes, á quienes el Omnipotente ha concedido en estos dias la dominacion de la tierra, son de los nuestros, como no ignoras. No son perseguidores de la religion de Cristo; por el contrario, recomiendan nuestra fé, y honran á los santos y ministros del Señor haciendo beneficios á sus iglesias y monasterios. (Véase Assemani, obr. cit., t. 3, pág. 131.)

[138] La iglesia caldea ó nestoriana profesa dogmas que tienen muchos puntos de contacto con los de la iglesia protestante. Como ella despoja á la Santísima Madre de Dios de sus mas gloriosos títulos y atributos; como ella niega la doctrina del Purgatorio y rechaza el culto de las imágenes; como ella contradice la doctrina de la Transubstanciacion y de la presencia actual de Jesucristo en el Sacramento; como ella hace compatible el matrimonio con los grados mayores y menores de la gerarquía eclesiástica. El fundamento de la doctrina nestoriana es en suma el mismo que el de la iglesia reformada: la divisibilidad y separacion de dos personas y dos naturalezas en Cristo, ó lo que es lo mismo, la distincion de dos personas en Cristo, el Verbo de Dios y el hombre Jesus; distincion que los católicos reconocemos como errónea por la union del Verbo con la naturaleza humana, que los teólogos llaman hipostática. (Véase Assemani, t. IV.)

[139] Sábese por S. Eulogio y Alvaro Cordobés que en los tiempos de persecucion se añadian á los tributos ordinarios que pagaban los cristianos otros estraordinarios, sin duda como castigo y medio de intimidacion. Tenemos un ejemplo de la apurada situacion á que muchos se veian reducidos en estas estraordinarias circunstancias, en el viaje que los hermanos de S. Eulogio, Isidoro y Alvaro, tuvieron que emprender á Alemania con mercaderías de Córdoba, en busca de recursos con que vivir y satisfacer aquellos desmedidos impuestos.

[140] Véase la vida de S. Perfecto, presbítero. Los mártires cristianos eran inmolados en la esplanada que caia al pié del alcázar y sobre el rio, en el parage que hoy llamamos el Campillo: situacion que determina perfectamente Ambrosio de Morales. A la orilla opuesta del Guadalquivir se estiende frontero á la ciudad por el mediodia el Campo de la Verdad, lugar muy concurrido á la sazon, no sabemos por qué motivo, aunque el mismo Morales, traduciendo á S. Eulogio, supone que los mahometanos le tenian destinado á sus malvadas oraciones. Diciendo el mismo santo que el martirio de S. Perfecto tuvo lugar el dia primero de la Pascua de los mahometanos despues de su ayuno, es posible que aquel dia se hubiese reunido en el Campo de la Verdad mucha gente á distraerse y espaciarse, y que, como las cinco azalas obligatorias para todo muslim podian cumplirse en el campo y al raso lo mismo que en la mezquita, fuese el mencionado parage preferido por los Cordobeses á los otros paseos y ejidos de la ciudad por la circunstancia de tener al lado el rio en donde hacer sus abluciones y purificaciones. Como quiera que esto deba entenderse, ocurrió, pues, hallarse el Campo de la Verdad lleno de turbas cuando fué conducido al suplicio S. Perfecto, y que, oyendo decir como el santo mártir acababa de ser degollado, volvieron tumultuosamente á la ciudad para verlo, «y muy contentas y alegres por haberle visto empapado en su sangre, como se habia revolcado en ella con el ímpetu de la muerte, se tornaron al campo para hacer su azala

[141] Tambien los musulmanes eran muy delicados en ciertas cosas de conciencia, y muy sutiles los casuistas que los resolvian. El que desee formarse idea del candoroso cinismo de uno de los Amires mas cultos é ilustrados, lea en Al-Makkarí el estraño caso que propuso Abde-r-rahman en plena asamblea de los principales teólogos de su corte relativamente al precepto del ayuno de Ramadhán.

[142] Por ejemplo la que Abde-r-rahman II introdujo de presentarse en público siempre velado; la de usar en las vestiduras reales su propio nombre bordado en la orla; la de hacer grabar en su sello esta piadosa leyenda: «El siervo del misericordioso descansa contento en los decretos de Dios.»