[188] M. S. citado en la nota antecedente.
[189] Refiere esta anécdota Gelaleddin, citado por Savary en la nota 2 al cap. LXII del Koran.
[190] M. S. citado del Sr. Gayangos.
[191] Ebnol-Athir, citado por Marrac. Refut. al Kor. Prodrom. part. IV, cap. IV.
[192] Algazel, cit. por el mismo, ibíd.
[193] La ablucion general (tahara) se requiere cuando ocurre alguna de estas cosas: emissio spermatis per modum effusionis; carnalis cupido viri et feminæ, et occursus duorum sponsorum sine emissione seminis; et menstruum; et puerperium. Et sancivit Legatus Dei ablutionem pro die Veneris, et duabus Festivitatibus; et pro præparatione ad sacram peregrinationem. Véase Marrac. op. cit., loc. cit. Tambien pueden verse los casos en que se pierde y debe renovarse el tahor (ó tahara) en el cap. IV de la obra Suma de los principales mandamientos y devedamientos de la Ley y Çunna publicada por la Real Academia de la Historia.
[194] Los muy curiosos pueden verlas en las dos obras citadas en la nota antecedente, así como tambien la comprobacion de todas las demas ceremonias que vamos detallando, por ridiculas que parezcan. Aquí diremos solo que la ablucion menor, ó purificacion sagrada, requisito indispensable antes de toda oracion, se pierde por cualquiera especie de secrecion, por el vómito, por el sueño, por la risa desmedida, por el deliquio, etc.: de modo que un muslim escrupuloso debe estar casi todo el dia remojándose y maniobrando con aquello que hasta los mismos hebreos, pueblo reconocido como carnal, prohibian mirar como si ofendiese y manchase la vista.
[195] Bilel era un criado de Mahoma. Cuando murió su amo, dió muestras de gran sentimiento, se retiró á los montes, y comenzó á dar grandes gritos: tenia una voz muy sonora, y segun el dicho de su amo, estaba destinado á ser almuedan del Paraiso. Nota 2 del Sr. Gayangos á la pág. 264 de la cit. obra Suma de los principales mandamientos, etc.
[196] El aliden es la llamada á la oracion desde la torre ó alminar de la mezquita, segun se dijo en la pág. 98, nota 1.
[197] Esta antigua costumbre de las mugeres árabes se observó ya por Tertuliano (lib. de Velandis virginibus, cap. 17): judicabunt vos Arabiæ feminæ Ethnicæ, quæ non caput tantùm, sed faciem totam tegunt, ut, uno oculo librato, contentæ sunt dimidiâ frui luce, quam totam faciem prostituere.