CAP. XVI.—Cómo y de qué manera se hacian las cazas reales por los Señores del Perú.

En la primera parte[49] conté ya cómo en este reino del Perú habia suma grandísima de ganado doméstico y bravo, urcos, carneros y pacos, vicunias y ovejas, llamas, en tanta manera, que así lo poblado como lo que no lo era andaba lleno de grandes manadas; porque por todas partes habia y hay excelentes pastos para que bien se pudiese criar. Y es de saber, que aunque habia tanta cantidad, era mandado por los reyes, que so graves penas, ninguno osase matar ni comer hembra ninguna, y si lo quebrantaban, luego eran castigados, y con este temor no lo osaban comer. Multiplicábanse tanto, ques de no creer lo mucho que habia en el reino cuando los españoles entraron en él; y lo principal porquesto se mandaba, es porque hobiese abasto de lanas para hacer ropas; porque, cierto, en muchas partes, si faltase del todo este ganado, no sé cómo podrian las gentes guarecerse del frio, por la falta que tenian de lanas para hacer ropas. Y así, con esta órden, eran muchos los depósitos que por todas partes habia llenos de ropa, así para la gente de guerra, como para los demás naturales; y la más desta ropa se hacia de la lana del ganado de los guanacos y vicunias.

Y cuando el Señor queria hacer alguna caza real, es de oir lo mucho que se mataba y tomaba á manos de hombres; y tal dia hubo, que se tomó más de treinta mill cabezas de ganado; mas cuando el rey lo tomaba por pasatiempo y salia para ello de propósito, poníanle las tiendas en el lugar que á él le parescia; porque como fuese en lo alto de la serranía, en ninguna parte dejaba de haber este ganado y tanto como habemos dicho; de donde, habiéndose ya juntado cincuenta ó sesenta mill personas, ó cien mill, si mandado les era, cercaban los breñales y campañas de tal manera, que con el ruido que iban haciendo en el resonido de sus voces, bajaban de los altos á lo más llano; en donde poco á poco se vienen juntando unos hombres con otros, hasta quedar asidos de las manos, y en el redondo que con sus propios cuerpos hacian, está la caza detenida y represada, y el Señor puesto á la parte que á él más le place, para ver la matanza que della se hace; y entrando otros indios con unos que se llaman ayllos, ques para prender por los piés, y otros con bastones y porras, comienzan de tomar y matar; y como hay tan gran cantidad de ganado detenido y entre ellos tantos de los guanacos, que son algunos mayores que pequeños asnillos, largos de pescuezos, como camellos, procuran la salida, echando por la boca la roña que tienen[50], en los rostros de los hombres, y con hender por donde pueden con grandes saltos. Y cierto, se dice ques cosa despanto ver el ruido tan grande que tienen los indios por les tomar, y el estruendo que ellos hacen para salir, tanto, que se oye gran trecho de donde pasa. Y si el rey quiere matar alguna caza sin entrar en la rueda questá hecha, lo hace como á él le place[51].

Y en estas cazas reales se gastaban muchos dias; y muerta tanta cantidad de ganado, luego se mandaba por los veedores llevar la lana de todo ello á los depósitos ó á los templos del sol, para que las mamaconas entendiesen en hacer ropas finísimas para los reyes, que lo eran tanto, que parescian de sargas de seda, y con colores tan perfectos cuanto se puede afirmar. La carne de esto que sacaban, della comian los que estaban allí con el rey, y della se secaba al sol[52], para tener puesta en los depósitos, para proveimiento de la gente de guerra; y todo este ganado se entiende que era de lo montesino, y no ninguno de lo doméstico. Tomábase entre ellos muchos venados y biscachas, raposas y algunos osos y leones pequeños.

CAP. XVII.—Que trata la órden que tenian los Incas, y cómo en muchos lugares hacian de las tierras estériles fértiles, con el proveimiento que para ello daban.

Una de las cosas de que más se tiene envidia á estos señores, es entender cuán bien supieron conquistar tan grandes tierras y ponellas, con su prudencia, en tanta razon como los españoles las hallaron, cuando por ellos fué descubierto este nuevo reyno; y de questo sea así muchas veces me acuerdo yo, estando en alguna provincia indómita fuera destos reynos, oir luego á los mismos españoles: "Yo seguro, que si los Incas anduvieran por aquí, que otra cosa fuera esto;" es decir, no conquistaron los Incas esto como lo otro, porque supieran servir y tributar. Por manera, que, cuanto á esto, conocida está la ventaja que nos hacen, pues con su órden las gentes vivian con ella y crecian en multiplicacion, y de las provincias estériles hacian fértiles y abundantes, en tanta manera y por tan galana órden como se dirá.

Siempre procuraron de hacer por bien las cosas y no por mal en el comienzo de los negocios; despues, algunos Incas hicieron grandes castigos en muchas partes; pero antes, todos afirman que fué grande la benevolencia y amicicia con que procuraban el atraer á su servicio estas gentes. Ellos salian del Cuzco con su gente y aparato de guerra y caminaban con gran concierto hasta cerca de donde habian de ir y querian conquistar, donde muy bastantemente se informaban del poder que tenian los enemigos y de las ayudas que podian tener y de qué parte les podrian venir favores, y por qué camino; y esto entendido por ellos, procuraban por las vías á ellos posibles, estorbar que no fuesen socorridos, ora con dones grandes que hacian, ora con resistencias que ponian; entendiendo, sin esto, de mandar hacer sus fuertes, los cuales eran en cerros ó laderas, hechos en ellos ciertas cercas altas y largas, con su puerta cada una, porque perdida la una, pudiesen pasarse á la otra, y de la otra hasta lo más alto. Y enviaban escuchas de los confederados para marcar la tierra y ver los caminos y conoscer del arte questaban aguardando, y por donde habia mas mantenimiento; y sabiendo por el camino que habian de llevar y la órden con que habian de ir, enviábales mensajeros propios, con los cuales les enviaba decir quel queria tenerlos por parientes y aliados, por tanto, que con buen ánimo y corazon alegre, saliesen á lo recebir y recibirlo en su provincia, para que en ella le sea dada la obediencia, como en las demás; y por que lo hagan con voluntad, enviaba presentes á los señores naturales.

Y con esto, y con otras buenas maneras que tenian, entraron en muchas tierras sin guerra, en las cuales mandaba á la gente de guerra que con él iba, que no hiciesen daño ni injuria ninguna, ni robo, ni fuerza; y si en esta provincia no habia mantenimientos, mandaba que de otras partes se proveyese; porque á los nuevamente venidos á su servicio no les paresciese, desde luego, pesado su mando y conocimiento, y el conocelle y aborrecelle fuese en un tiempo. Y si en alguna destas provincias no habia ganado, luego mandaba que le diesen por cuenta tantas mill cabezas, lo cual mandaban que mirasen mucho y con ello multiplicasen, para proveerse de lana para sus ropas; y que no fuesen osados de comer ni matar ninguna cria por los años y tiempo que le señalaba. Y si habia ganado y tenian de otra cosa falta, era lo mismo; y si estaban en collados y breñales, bien les hacian entender con buenas palabras, que hiciesen pueblos y casas en lo más llano de las sierras y laderas; y como muchos no eran diestros en cultivar las tierras, avezábanles como lo habian de hacer, emponiéndoles en que supiesen sacar acequias y regar con ellas los campos.

En todo lo sabian proveer tan acertadamente, que cuando entraba por amistad alguno de los Incas en provincias de estas, en breve tiempo quedaba tal, que parescia otra, y los naturales, le daban la obidiencia, consintiendo que sus delegados quedasen en ellas, y lo mismo los mitimaes. En otras muchas que entraron de guerra y por fuerza de armas, mandábase que en los mantenimientos y casas de los enemigos se hiciese poco daño, diciéndoles el Señor: "presto serán estos nuestros como los que ya lo son." Como esto tenian conocido, procuraban que la guerra fuese la mas liviana que ser pudiese, no embargante que en muchos lugares se dieron grandes batallas, porque todavía los naturales dellos querian conservarse en la libertad antigua, sin perder sus costumbres y religion por tomar otras extrañas; más durando la guerra, siempre habian los Incas lo mejor, y vencidos, no los destruyan de nuevo, antes mandaban restituir los presos, si algunos habia, y el despojo y ponerlos en posesion de sus haciendas y señorío, amonestándoles que no quieran ser locos en tener contra su persona real competencias ni dejar su amistad, antes quisieran ser sus amigos, como lo son los comarcanos suyos. Y diciendo esto, dábanles algunas mujeres hermosas y piezas ricas de lana ó de metal de oro.

Con estas dádivas y buenas palabras, habia las voluntades de todos, de tal manera, que sin ningun temor los huidos á los montes se volvian á sus casas, y todos dejaban las armas; y el que mas vezes via al Inca, se tenia por bien aventurado y dichoso.