CAP. XIV.—De cómo fué muy grande la riqueza que tuvieron y poseyeron los reyes del Perú y cómo mandaban asistir siempre hijos de los señores en su Córte.

Por la gran riqueza que habemos visto en estas partes, podremos creer ser verdad lo que se dice de las muchas que tuvieron los Incas; porque yo creo, lo que ya muchas veces tengo afirmado, que en el mundo no hay tan rico reyno de metal, pues cada dia se descubren tan grandes veneros, así de oro como de plata; y como en muchas partes de las provincias cogiesen en los rios oro, y en los cerros sacasen plata, y todo era por un rey, pudo tener y poseer tanta grandeza; y dello yo no me espanto de estas cosas, sino como toda la ciudad del Cuzco y los templos suyos no eran hechos los edificios de oro puro. Porque, lo que hace á los príncipes tener necesidad y no poder atesorar dineros, es la guerra, y desto tenemos claro ejemplo en lo que el Emperador ha gastado desdel año que se coronó hasta este; pues aviendo más plata y oro que ovieron los reyes d'España desde el rey don Rodrigo hasta él, ninguno dellos tuvo tanta necesidad como S. M. y si no tuviera guerras, y su asiento fuera en España, verdaderamente, con sus rentas y con lo que ha venido de las Indias, toda España estuviera tan llena de tesoros como lo estaba el Perú en tiempo de sus reyes.

Y esto tráigolo á comparacion, que todo lo que los Incas habian, lo gastaban no en otra cosa que arreos de su persona y ornamento de los templos y servicio de sus casas y aposentos; porque en las guerras, las provincias les daban toda la gente, armas y mantenimientos que fuese necesario, y si [á] alguno de los mitimaes daban algunas pagas de oro en alguna guerra que ellos tuviesen por dificultosa, era poca y que en un dia lo sacaban de las minas; y como preciaron tanto la plata y oro, y por ellos fuese tan estimada, mandaban sacar en muchas partes de las provincias cantidad grande della, de la manera y con la órden que adelante se dirá.

Y sacando tanta suma, y no podiendo el hijo dejar que la memoria del padre, que se entiende su casa y familiares con su bulto, estuviese siempre entera, estaban de muchos años allegados tesoros, tanto, que todo el servicio de la casa del rey, así de cántaros para su uso como de cocina, todo era oro y plata; y esto no en un lugar y en una parte lo tenia, sino en muchas, especialmente en las cabeceras de las provincias, donde habia muchos plateros, los cuales trabajaban en hacer estas piezas; y en los palacios y aposentos suyos habia planchas destos metales, y sus ropas llenas de argenteria y desmeraldas y turquesas y otras piedras preciosas de gran valor. Pues para sus mugeres tenian mayores riquezas para ornamento y servicio de sus personas, y sus andas todas estaban engastonadas en oro y plata y pedrería. Sin esto, en los depósitos habia grandísima cantidad de oro en tejuelos, y de plata en pasta, y tenian mucha chaquira, ques en estremo menuda, y otras joyas muchas y grandes para sus taquis y borracheras; y para los sacrificios eran más lo que tenian destos tesoros; y como tenian y guardaban aquella ceguedad de enterrar con los difuntos tesoros, es de creer que cuando se hazian los osequias y entierros destos reyes, que seria increible lo que meterian en las sepulturas. En fin, sus atambores y asentamientos y estrumentos de música y armas para ellos eran deste metal; y por engrandecer su señorío, paresciéndoles que lo mucho que digo era poco, mandaban por ley que ningun oro ni plata que entrase en la ciudad del Cuzco, della pudiese salir, sopena de muerte, lo cual ejecutaban luego en quien lo quebrantaba; y con esta ley, siendo lo que entraba mucho y no saliendo nada, habia tanto, que si cuando entraron los españoles se dieran otras mañas y tan presto no ejecutaran su crueldad en dar la muerte á Atahuallpa, no sé qué navíos bastaran á traer á las Españas tan grandes tesoros como están perdidos en las entrañas de la tierra y estarán, por ser ya muertos los que lo enterraron.

Y como se tuviesen en tanto estos Incas, mandaron más, que en todo el año residiesen en su córte hijos de los señores de las provincias de todo el reino, porque entendiesen la órden della y viesen su magestad grande, y fuesen avisados cómo le habian de servir y obedecer, de que heredasen sus señoríos y curacazgos; y si iban los de unas provincias, venian los de otras. De tal manera se hacia esto, que siempre estaba su córte muy rica y acompañada; porque sin esto, nunca dejaban destar con él muchos caballeros de los orejones, y señores de los ancianos, para tomar consejo en lo que se habia de proveer y ordenar.

CAP. XV.—De cómo se hacian los edificios para los Señores, y los caminos reales para andar por el reino.

Una de las cosas de que yo mas me admiré, contemplando y notando las cosas deste reino, fué pensar cómo y de qué manera se pudieron hacer caminos tan grandes y soberbios como por él vemos, y que fuerzas de hombres bastáran á los hacer, y con que herramientas y estrumentos pudieron allanar los montes y quebrantar las peñas, para hacerlos tan anchos y buenos como están; porque me parece que si el Emperador quisiese mandar hacer otro camino real, como el que va del Quito á Cuzco, ó sale de Cuzco para ir á Chile, ciertamente creo, con todo su poder para ello no fuese poderoso, ni fuerzas de hombres le pudiesen hazer, sino fuese con la órden tan grande que para ello los Incas mandaron que hobiese. Porque si fuera camino de cincuenta leguas, ó de ciento, ó docientas, es de creer, que aunque la tierra fuese más áspera, no se tuviera en mucho, con buena diligencia, hacerlo; mas estos eran tan largos, que habia alguno que tenia mas de mill y cien leguas, todo hechado por sierras tan ágras y espantosas, que por algunas partes, mirando abajo, se quitaba la vista, y algunas destas sierras drechas y llenas de piedras, tanto, que era menester cavar por las laderas en peña viva, para hacer el camino ancho y llano; todo lo cual hacian con fuego y con sus picos. Por otros lugares habia subidas tan altas y ásperas, que salian de lo bajo escalones para poder subir por ellos á lo más alto, haciendo entre medias dellos algunos descansos anchos para el reposo de las gentes. En otros lugares habia montones de nieve, que era más de temer, y esto no en un lugar, sino en muchas partes, y no así como quiera, sino que no va ponderado ni encarecido como ello es ni como lo vemos; y por estas nieves, y por donde habia montañas de árboles y céspedes, lo hacian llano, y empedrado, si menester fuese.

Los que leyeren este libro y hobieren estado en el Perú, miren el camino que va desde Lima á Xauxa por las sierras tan ásperas de Huarochiri[41], y por la montaña nevada de Pariacaca[42], y entenderán, los que á ellos lo oyeron, si es más lo que ellos vieron, que no lo que yo escribo; y sin esto, acuérdense de la ladera que abaja al rio de Apurímac[43], y cómo viene el camino por las sierras de los Paltas, Caxas y Ayauacas[44] y otras partes deste reyno, por donde el camino va tan ancho como quince piés, poco más ó ménos; y en tiempo de los reyes estaba limpio, sin que hobiese ninguna piedra ni hierba nacida, porque siempre se entendia en lo limpiar; y en lo poblado, junto á él, habia grandes palacios y alojamiento para la gente de guerra, y por los desiertos nevados y de campaña, habia aposentos donde se podian muy bien amparar de los frios y de las lluvias; y en muchos lugares, como es en el Collao[45] y en otras partes, habia señales de sus leguas, que eran como los mojones d'España con que parten los términos, salvo que son mayores y mejor hechos los de acá. A estos tales llaman topos, y uno dellos es una legua y media de Castilla[46].

Entendido de la manera que iban hechos los caminos y la grandeza dellos, diré con la facilidad que eran hechos por los naturales, sin que les recreciese muerte ni trabajo demasiado; y era, que determinado por algun rey que fuese hecho alguno destos caminos tan famosos, no era menester muchas provisiones ni requerimientos ni otra cosa que decir el rey, hágase esto, porque luego los veedores iban por las provincias marcando la tierra y los indios que habia de[47] una á otra, á los cuales mandaba que hiciesen los tales caminos; y así, se hacian desta manera, que una provincia hacia hasta otra á su costa y con sus indios, y en breve tiempo lo dejaban como se lo pintaba; y otras hacian lo mismo, y áun, si era necesario, á un tiempo se acababa gran parte del camino, ó todo él; y si allegaban á los despoblados, los indios de la tierra adentro questaban más cercanos, venian con vituallas y herramientas á los hacer, de tal manera, que con mucha alegría y poca pesadumbre era todo hecho; porque no les agraviaban en un punto, ni los Incas ni sus criados les metian en nada.

Sin todo esto, se hicieron grandes calzadas de excelente edificio, como es la que pasa por el valle de Xaquixaguana, y sale de la ciudad del Cuzco, y va por el pueblo de Muhina. Destos caminos reales habia muchos en todo el reyno, así por la sierra como por los llanos. Entre todos, cuatro se tienen por los más importantes, que son los que salian de la ciudad del Cuzco, de la misma plaza della, como crucero, á las provincias del reino, como tengo escripto en la Primera parte desta Crónica, en la fundacion del Cuzco[48]; y por tenerse en tanto los señores, cuando salian por estos caminos, sus personas reales con la guarda convenible iban por uno, y por otro la demás gente; y áun en tanto tuvieron su poderío, que muerto uno de ellos, el hijo, habiendo de salir á alguna parte larga, se le hacia camino por sí mayor y más ancho que el de su antecesor; mas esto era si salia [á] alguna conquista el tal rey, ó á hacer cosa digna de tal memoria que se pudiese decir que por aquello era más largo el camino que para él se hizo. Y esto vemos claro, porque yo he visto junto á Vilcas tres ó cuatro caminos; y áun una vez me perdí por el uno, creyendo que iba por el que agora se usa; y á estos llaman, al uno camino del Inca Yupanqui, y al otro de Tupac Inca; y el que agora se usa y usará para siempre, es el que mandó hacer Huaina Capac, que llegó acerca del rio de Angasmayo, al Norte, y al Sur, mucho adelante de lo que agora llamamos Chile; caminos tan largos, que habia de una parte á otra más de mill y doscientas leguas.