Verdad es, que habian ya habido los españoles mucha parte del tesoro, y lo demás se escondió y puso en tales partes, que pocos ó no ninguno debe saber dél; ni de los bultos ni otras cosas suyas grandes hay ya otra memoria que la que ellos dan y tienen en sus cantares[37].

CAP. XII.—De cómo tenian coronistas para saber sus hechos, y la órden de los quipos como fué, y lo que dello vemos agora.

Fué ordenado por los Incas lo que ya habemos escripto acerca del poner los bultos en sus fiestas, y en que se escogiesen algunos de los más sábios dellos, para que en cantares supiesen la vida de los señores qué tal habia sido y cómo se habian habido en el gobierno del reyno, para el efecto por mí dicho. Y es tambien de saber, que, sin esto, fué costumbre dellos y ley muy usada y guardada, de escoger cada uno, en tiempo de su reynado, tres ó cuatro hombres ancianos de los de su nacion, á los cuales, viendo que para ello eran hábiles y suficientes, les mandaba que todas las cosas que sucediesen en las provincias durante el tiempo de su reynado, ora fuesen prósperas, ora fuesen adversas, las tuviesen en la memoria, y dellas hiciesen y ordenasen cantares, para que por aquel sonido se pudiese entender en lo foturo haber así pasado; con tanto questos cantares no pudiesen ser dichos ni publicados fuera de la presencia del Señor; y eran obligados estos que habian de tener esta razon durante la vida del rey, no tratar ni decir cosa alguna de lo que á él tocaba, y luego que era muerto, al sucesor en el imperio le decian, casi por estas palabras: "¡Oh Inca grande y poderoso, el Sol y la Luna, la Tierra, los montes y los árboles, las piedras y tus padres te guarden de infortunio y hagan próspero, dichoso y bienaventurado sobre todos cuantos nacieron! Sábete, que las cosas que sucedieron á tu antecesor son éstas." Y luego en diciendo esto, los ojos puestos al suelo, y bajadas las manos, con gran humildad le daban cuenta y razon de todo lo que ellos sabian; lo cual podrian muy bien hacer, porque entre ellos hay muchos de gran memoria, subtiles de ingenio, y de vivo juizio, y tan abastados de razones, como hoy dia somos testigos los que acá estamos é los oimos. Y así, dicho esto, luego que por el rey era entendido, mandaba llamar á otros de sus indios viejos, á los cuales mandaba que tuviesen cuidado de saber los cantares que aquéllos tenian en la memoria, y de ordenar otros de nuevo de lo que pasaba en el tiempo de su reynado, y que las cosas que se gastaban y lo que las provincias contribuian, se asentasen en los quipos, para que supiesen lo que daban y contribuyan muerto él y reynando su progenitor. Y si no era en un dia de gran regocijo, ó en otro que hobiese lloro ó tristeza por muerte de algun hermano ó hijo del rey, porque estos tales dias se permitia contar su grandeza dellos y su orígen y nascimiento, fuera destos, á ninguno era permitido tratar dello, porque estaba así ordenado por los señores suyos, y si lo hacian, eran castigados rigurosamente.

Sin lo cual tuvieron otra órden para saber y entender cómo se habia de hacer en la contribucion, en las provincias, de los mantenimientos, ora pasase el rey con el ejército, ora fuese visitando el reyno, ó que sin hacer nada desto, se entendiese lo que entraba en los depósitos y pagaba á los súbditos, de tal manera, que no fuesen agraviados, tan buena y subtil, que ecede en artificio á los carastes que usaron los mexicanos para sus cuentas y contratacion; y esto fué los quipos, que son ramales grandes de cuerdas anudadas, y los que desto eran contadores y entendian el guarismo destos nudos, daban por ellos razon de los gastos que se habian hecho, ó de otras cosas que hobiesen pasado de muchos años atrás; y en estos nudos contaban de uno hasta diez, y de diez hasta ciento, y de ciento hasta mill; y en uno destos ramales está la cuenta de lo uno, y en otro lo del otro; de tal manera esto, que para nosotros es una cuenta donosa y ciega, y para ellos singular. En cada cabeza de provincia habia contadores á quien llamaban quiposcamayos[38], y por estos nudos tenian la cuenta y razon de lo que habian de tributar los questaban en aquel distrito, desde la plata, oro, ropa y ganado, hasta la leña y las otras cosas mas menudas, y por los mismos quipos se daba á cabo de un año, ó de diez, ó de veinte, razon á quien tenia comision de tomar la cuenta, tan bien, que un par de alpargatas no se podian esconder.

Yo estaba incrédulo en esta cuenta, y aunque lo oia afirmar y tratar, tenia lo más dello por fábula; y estando en la provincia de Xauxa, en lo que llaman Marcavillca[39], rogué al señor Guacarapora[40] que me hiciese entender la cuenta dicha de tal manera que yo me satisficiese á mí mismo, para estar cierto que era fiel y verdadera; y luego mandó á sus criados que fuesen por los quipos, y como este señor sea de buen entendimiento y razon para ser indio, con mucho reposo satisfizo á mi demanda, y me dijo, que para que mejor lo entendiese, que notase que todo lo que por su parte habia dado á los españoles desde que entró el gobernador don Francisco Pizarro en el valle, estaba allí sin faltar nada: y así ví la cuenta del oro, plata, ropa que habian dado, con todo el maíz, ganado y otras cosas, que en verdad yo quedé espantado dello. Y es de saber otra cosa, que tengo para mí por muy cierto, segun han sido las guerras largas, y las crueldades, robos y tiranías que los españoles han hecho en estos indios, que si ellos no estuvieran hechos á tan grande órden y concierto, totalmente se hubieran todos consumido y acabado; pero ellos, como entendidos y cuerdos y que estaban impuestos por príncipes tan sábios, entre todos determinaron que si un ejército de españoles pasase por cualquiera de las provincias, que si no fuere el daño que por ninguna vía se puede escusar, como es destruir las sementeras y robar las casas y hacer otros daños mayores questos, que en lo demás, todas las comarcas tuviesen en el camino real, por donde pasaban los nuestros, sus contadores, y éstos tuviesen proveimiento lo más ámplio que ellos pudiesen, porque con achaque no los destruyesen del todo; y así eran proveidos; y despues de salidos, juntos los señores, iban los quipos de las cuentas, y por ellos, si uno habia gastado más que otro, lo que ménos habian proveido lo pagaban, de tal suerte, que iguales quedasen todos.

Y en cada valle hay esta cuenta hoy dia, y siempre hay en los aposentos tantos contadores como en él hay señores, y de cuatro en cuatro meses fenescen sus cuentas por la manera dicha; y con la órden que han tenido, han podido sufrir combates tan grandes, que si Dios fuese servido que del todo hobiesen cesado con el buen tratamiento que en este tiempo reciben, y con la buena órden y justicia que hay, se restaurarian y multiplicarian, para que en alguna manera vuelva á ser este reyno lo que fué, aunque yo creo que será tarde ó nunca. Y es verdad que yo he visto pueblos, y pueblos bien grandes, y de una sola vez que cripstianos españoles pasen por él, quedar tal, que no parecia sino que fuego lo habia consumido; y como las gentes no eran de tanta razon, ni unos á otros se ayudaban, perdíanse despues con hambres y enfermedades, porque entre ellos hay poca caridad, y cada uno es señor de su casa, y no quiere más cuenta. Y esta órden del Perú débese á los señores que lo mandaron y supieron ponerla en todas las cosas tan grande como vemos los que acá estamos, por estas y otras cosas mayores; y con tanto pasaré adelante.

CAP. XIII.—Cómo los Señores del Perú eran muy amados por una parte y temidos por otra de todos sus súbditos, y cómo ninguno de ellos, aunque fuese gran señor muy antiguo en su linage, podia entrar en su presencia, si no era con una carga en señal de grande obediencia.

Es de notar, y mucho, que como estos reyes mandaron tan grandes provincias y en tierra tan larga, y en parte tan áspera y llena de montañas y de promontorios nevados, y llanos de arena secos de árboles y faltos de agua, que era necesario gran prudencia para la gobernacion de tantas naciones y tan distintas unas de otras en lenguas, leyes y religiones, para tenellas todas en tranquilidad y que gozasen de la paz y amistad con él; y así, no embargante que la ciudad del Cuzco era la cabeza de su imperio, como en muchos lugares hemos apuntado, de cierto en cierto término, como tambien diremos, tenian puestos sus delegados y gobernadores, los cuales eran los más sábios, entendidos y esforzados que hallarse podian, y ninguno tan mancebo que ya no estuviese en el postrer tercio de su edad. Y como le fuesen fieles y ninguno osase levantarse, y tenia de su parte á los mitimaes, ninguno de los naturales, aunque más poderoso fuese, osaba intentar ninguna rebelion, y si alguna intentaba, luego era castigado el pueblo donde se levantaba, embiando presos los movedores al Cuzco. Y desta manera eran tan temidos los reyes, que si salian por el reyno y permitian alzar algun paño de los que iban en las andas, para dejarse ver de sus vasallos, alzaban tan gran alarido, que hacian caer las aves de lo alto donde iban volando, á ser tomadas á manos; y todos los temian tanto, que de la sombra que su persona hacia no osaban decir mal. Y no era esto solo; pues es cierto, que si algunos de sus capitanes ó criados salian á visitar alguna parte del reyno para algun efecto, le salian á recibir al camino con grandes presentes, no osando, aunque fuese sólo, dejar de cumplir en todo y por todo el mandamiento dellos.

Tanto fué lo que temieron á sus príncipes en tierra tan larga, que cada pueblo estaba tan asentado y bien gobernado como si el Señor estuviera en él para castigar los que lo contrario hiciesen. Este temor pendia del valor que habia en los señores y de su misma justicia, que sabian que por parte de ser ellos malos, si lo fuesen, luego el castigo se habia de hacer en los que lo fuesen, sin que bastase ruego ni cohecho ninguno. Y como siempre los Incas hiciesen buenas obras á los questaban puestos en su señorío, sin consentir que fuesen agraviados, ni que les llevasen tributos demasiados, ni que les fuesen hechos otros desafueros, sin lo cual, muchos que tenian provincias estériles y que en ellas sus pasados habian vivido con necesidad, les daban órden que las hacian fértiles y abundantes, proveyéndoles de las cosas que en ella habia necesidad; y en otras donde habia falta de ropa, por no tener ganados, se los mandaban dar con gran liberalidad. En fin, entendíase, que así como estos señores se supieron servir de los suyos y que les diesen tributos, así ellos les supieron conservar las tierras y traellos de bastos á muy pulíticos, y de desproveidos, que no les faltase nada; y con estas buenas obras, y con que siempre el Señor á los principales daba mugeres y preseas ricas, ganaron tanto las gracias de todos, que fueron dellos amados en estremo grado, tanto que yo me acuerdo por mis ojos haber visto á indios viejos, estando á vista del Cuzco, mirar contra la ciudad y alzar un alarido grande, el cual se les convertia en lágrimas salidas de tristeza, contemplando el tiempo presente y acordándose del pasado, donde en aquella ciudad por tantos años tuvieron señores de sus naturales, que supieron atraellos á su servicio y amistad de otra manera que los españoles.

Y era usanza y ley inviolable entre estos señores del Cuzco, por grandeza y por la estimacion de la dignidad real, questando él en su palacio, ó caminando con gente de guerra, ó sin ella, que ninguno, aunque fuese de los más grandes y poderosos señores de todo su reyno, no habia de entrar á le hablar, ni estar delante de su presencia, sin que primero, tirándose los zapatos, que ellos llaman oxotas, se pusiese en sus hombros una carga para entrar con ella á la presencia del Señor, en lo cual no se tenia cuenta que fuese grande ni pequeña, porque no era por más de que supiesen el reconocimiento que habian de tener á los señores suyos; y entrando dentro, vueltas las espaldas al rostro del Señor, habiendo primero hecho reverencia, quellos llaman mocha, dice á lo que viene ó oye lo que les mandado, lo cual pasado, si quedaba en la Córte por algunos dias y era persona de cuenta, no entraba más con la carga; porque siempre estaban los que venian de las provincias en la presencia del Señor en convites y en otras cosas que por ellos eran hechas.