CAP. VIII.—Cómo despues que Manco Capac vió que sus hermanos se habian convertido en piedras, vino á un valle donde encontró algunas gentes, y por él fué fundada y edificada la antigua y muy riquísima ciudad del Cuzco, cabeza principal que fué de todo el imperio de los Incas.
Reídome he de lo que tengo escripto destos indios: yo cuento en mi escriptura lo que ellos á mí contaron por la suya, y antes quito muchas cosas que añido una tan sola. Pues como Manco Capac hobiese visto lo que de sus hermanos habia sucedido, y llegase al valle donde agora es la ciudad del Cuzco, alzando los ojos al cielo, dicen los orejones que pedia con grande humildad al sol que le favoreciese y ayudase en la nueva poblacion que hacer queria, y que, vueltos los ojos hácia el cerro de Guanacaure, pedia lo mesmo á su hermano, que ya lo tenia y reverenciaba por dios, y mirando en el vuelo de las aves y en las señales de las estrellas y en otros prodigios, lleno de confianza, teniendo por cierto que la nueva poblacion habia de florecer, y él ser tenido por fundador della y padre de todos los Incas que en ella habian de reinar. Y así, en nombre de su Ticiviracocha y del sol y de los otros sus dioses, hizo la fundacion de la nueva ciudad, el original y principio de la cual fué una pequeña casa de piedra cubierta de paja que Manco Capac con sus mugeres hizo, á la cual pusieron por nombre Curicancha, que quiere decir cercado de oro, lugar donde despues fué aquel tan célebre y tan riquísimo templo del sol, y que agora es monesterio de frayles de la órden de Santo Domingo; y tiénese por cierto, que en el tiempo questo por Manco Inca Capac se hacia, habia en la comarca del Cuzco indios en cantidad; mas como él no les hiciese mal ni ninguna molestia, no le impidian la estada en su tierra, antes se holgaban con él; y así, Manco Capac entendia en hacer la casa ya dicha, y era dado á sus religiones y culto de sus dioses, y fué de gran presuncion y de persona que representaba gran autoridad.
La una de sus mugeres fué estéril, que nunca se empreñó; en la otra[30] hobo tres hijos varones y una hija: el mayor fué nombrado Inca Roca Inca, y la hija Ocllo, y los nombres de los otros dos no cuentan ni dicen más de que casó al hijo mayor con su hermana; á los cuales mostró lo que habian de hacer para ser amados de los naturales y no aborrecidos, y otras cosas grandes. En este tiempo, en Hatuncollao se habian hecho poderosos los descendientes de Zapana, y con tiranía querian ocupar toda aquella comarca. Pues como el fundador del Cuzco, Manco Capac, hobo casado á sus hijos y allegado á su servicio algunas gentes con amor y buenas palabras, con los cuales engrandeció la casa de Curicancha, despues de haber vivido muchos años, murió estando ya muy viejo, y le fueron hechas las obsequias con toda sumptuosidad, sin lo cual se le hizo un bulto para reverencialle como á hijo del sol.
CAP. IX.—En que se da aviso al lector de la causa porquel autor, dejando de proseguir con la sucesion de los reyes, quiso contar el gobierno que tuvieron, y sus leyes, costumbres qué tales fueron.
Aunque pudiera escribir lo que pasó en el reinado de Sinchi Roca Inca[31], hijo que fué de Manco Capac, fundador del Cuzco, en este lugar, lo dejé, pareciéndome quen lo de adelante habria confusion para saber por entero la manera que se tuvo en la gobernacion destos señores, porque unos ordenaron unas leyes y otros otras, y así, pusieron unos los mitimaes y otros las guarniciones de gente de guerra en los lugares establecidos en el reino para la defensa dél; y porque son todas cosas grandes y dignas de memoria, y para que las repúblicas que se rigen por grandes letrados y varones, desto tomen aviso, y unos y otros conciban admiracion, considerando que pues en gente bárbara y que no tuvo letras se halló lo que de cierto sabemos que hobo, así en lo del gobierno como en sojuzgar las tierras y naciones, porque debajo de una monarquía obedesciesen á un Señor que sólo fuese soberano y digno para reinar en el imperio que los Incas tuvieron, que fueron más de mill é doscientas leguas de costas; así, por no variar en decir que unos dicen que ciertos dellos constituyeron lo uno, y otros lo otro, en lo cual muchos naturales varian, pondré en este lugar lo que yo entendí y tengo por cierto, conforme á la relacion que dello tomé en la ciudad del Cuzco y de las reliquias que vemos haber quedado destas cosas todos los que en el Perú habemos andado. Y no parezca á los letores que en tomar esta órden salgo de la que al libro conviene que lleve; para que ellos con más claridad lo entiendan se pone, como declaro; y esto haré con gran brevedad, sin querer ocuparme en contar cosas menudas, de que siempre huyo, y así, con ella misma proseguiré en tratar el reynado de los Incas y la sucesion dellos, hasta que con la muerte de Huascar y entrada de los españoles se acabó. Y quiero que sepan los que esto leyeren, que entre todos los Incas, que fueron once, tres salieron entre ellos bastantísimos para la gobernacion de su señorío, que cuentan y no acaban los orejones de loarlos; y estos no se parescieron en las condiciones tanto como en el juicio; los cuales son Huayna Capac, Tupac Inca Yupanqui, su padre, é Inca Yupanqui, padre del uno y agüelo del otro. Y tambien se puede presumir, que como estos fuesen tan modernos, que está el reyno lleno de indios que conocieron á Tupac Inca Yupanqui, y con él anduvieron en las guerras, y á sus padres oyeron lo que Inca Yupanqui hizo en el tiempo de su reinado, podria ser destas cosas, vistas[32] casi por los ojos, tener más lumbre para las poder contar, y lo sucedido á los otros señores, sus proxinitores, haberse dello mucho olvidado. Aunque, cierto, para lo tener en la memoria, y que no se pierda en muchos años, tienen grande aviso, para no tener letras, que estas ya tengo escripto en la primera parte desta Crónica[33], cómo no se han hallado en todo este reino, ni áun en todo este orbe de las Indias. Y con tanto prosigamos lo comenzado.
CAP. X.—De cómo el Señor, despues de tomada la borla del reino, se casaba con su hermana la Coya, ques nombre de reyna; y cómo era permitido tener muchas mugeres, salvo que, entre todas, sólo la Coya era la legítima y más principal.
Conté brevemente en los capítulos pasados cómo los que habian de ser nobles se armaban caballeros, y tambien las cirimonias que se hacian en el tiempo que los Incas se coronaban por reyes, tomando la corona, que es la borla que hasta los ojos les caia; y fué por ellos ordenado, quel que hobiese de ser rey, tomase á su hermana, hija legítima de su padre y madre, por muger, para que la sucesion del reino fuese por esta vía confirmada en la casa real, pareciéndoles por esta manera, que aunque la tal muger, hermana del rey, de su cuerpo no fuese casta, y, usando con algun hombre, dél quedase preñada, era el hijo que nasciese della y no de muger extraña; porque tambien miraban, que aunque el Inca se casase con muger generosa, queriendo, podia hacer lo mismo y concibir con adulterio, de tal manera, que no siendo entendido, fuese tenido por hijo del señor y natural marido suyo. Por estas cosas, ó porque les paresció á los que lo ordenaron que convenia, era ley entre los Incas que el señor que entre todos quedaba por emperador, tornase á su hermana por muger, la cual tenia por nombre Coya, ques nombre de reyna, y que ninguna se lo llamaba,—como cuando un rey de España casa con alguna princesa que tiene su nombre propio, y entrando en su reyno, es llamada reyna, así llaman las que lo eran del Cuzco, Coya. Y si acaso el que habia de ser tenido por señor no tenia hermana carnal, era permitido que casase con la señora más ilustre que hobiese, para que fuese entre todas sus mugeres tenida por la más principal; porquestos señores, no habia ninguno dellos que no tuviese más de setecientas mugeres para servicio de su casa y para sus pasatiempos; y así, todos ellos tuvieron muchos hijos que habian en éstas que tenian por mugeres ó mancebas, y eran bien tratadas por él y estimadas de los indios naturales; y aposentado el rey en su palacio, ó por donde quier que iba, eran miradas y guardadas todas por los porteros y camayos, ques nombre de guardianes; y si alguna usaba con varon, era castigada con pena de muerte, dándole á él la misma pena. Los hijos que los señores habian en estas mugeres, despues que eran hombres, mandábanles proveer de campos y heredades, que ellos llaman chácaras, y que de los depósitos ordinarios les diesen ropas y otras cosas para su aprovechamiento, porque no querian dar señorío á estos tales, porque en habiendo alguna turbacion en el reyno, no quisiesen intentar de quedarse con él con la presuncion de ser hijos del rey. Y así, ninguno tuvo mando sobre provincia, aunque, cuando salian á las guerras y conquistas, muchos dellos eran capitanes y preferidos á los que iban en los reales; y el señor natural que heredaba el reyno los favorescia, puesto que si urdian algun levantamiento, eran castigados cruelísimamente; y ninguno dellos hablaba con el rey, aunque más su hermano fuese, que primero no pusiese en su cerviz carga liviana y fuese descalzo, como todos los demás del reyno, á le hablar.
CAP. XI.—Cómo se usó entre los Incas que del Inca que hobiese sido valeroso, que hobiese ensanchado el reyno ó hecho otra cosa digna de memoria, la hobiese dél en sus cantares y en los bultos; y no siendo sino remisio y cobarde, se mandaba que se tratase poco dél.
Entendí, quando en el Cuzco estuve[34], que fué uso entre los reyes Incas, que el rey que entre ellos era llamado Inca, luego como era muerto, se hacian los lloros generales y continos, y se hacian los otros sacrificios grandes, conforme á su religion y costumbre; lo cual pasado, entre los más ancianos del pueblo se trataba sobre qué tal habia sido la vida y costumbres de su rey ya muerto, y qué habia aprovechado á la república, ó qué batalla habia vencido que dado se hobiese contra los enemigos; y tratadas estas cosas entre ellos, y otras que no entendemos, por entero, se determinaban, si el rey difunto habia sido tan venturoso que dél quedase loable fama, para que por su valentía y buen gobierno meresçiese que para siempre quedase entre ellos, mandaban llamar los grandes quiposcamayos, donde las cuentas se fenescen y sabian dar razon de las cosas que sucedido habian en el reyno, para que estos lo comunicasen con otros quentrellos, siendo escogidos por más retóricos y abundantes de palabras, saben contar por buena órden cada cosa de lo pasado, como entre nosotros se cuentan por romances y villancicos; y estos en ninguna cosa entienden que en aprender y saberlos componer en su lengua, para que sean por todos oidos en regocijos de casamientos y otros pasatiempos que tienen para aquel propósito. Y así, sabido lo que se ha de decir de lo pasado en semejantes fiestas de los señores muertos, y si se trata de guerra por el consiguiente, con órden galana cantaban de muchas batallas que en lugares de una y otra parte del reyno se dieron; y por el consiguiente, para cada negocio tenian ordenados sus cantares ó romances, que, viniendo á propósito, se cantasen, para que por ellos se animase la gente con lo oir y entendiesen lo pasado en otros tiempos, sin lo inorar, por entero. Y estos indios que por mandado de los reyes sabian estos romances, eran honrados por ellos y favorescidos, y tenian cuidado grande de los enseñar á sus hijos y á hombres de sus provincias los más avisados y entendidos que entre todos se hallaban; y así, por las bocas de unos lo sabian otros, de tal manera, que hoy dia entre ellos cuentan lo que pasó ha quinientos años, como si fueran diez.
Y entendida la órden que se tenia para no se olvidar de lo que pasaba en el reyno, es de saber, que muerto el rey dellos, si valiente habia sido y bueno para la gobernacion del reyno, sin haber perdido provincia de las que su padre les dejó, ni usado de bajezas ni poquedades, ni hecho otros desatinos que los príncipes locos con la soltura se atreven á hacer en su señorío, era permitido y ordenado por los mismos reyes, que fuesen ordenados cantares honrados y que en ellos fuesen muy alabados y ensalzados, en tal manera, que todas las gentes admirasen en oir sus hazañas y hechos tan grandes, y que estos no siempre ni en todo lugar fuesen publicados ni apregonados, sino cuando estuviese hecho algun ayuntamiento grande de gente venida de todo el reyno para algun fin, y cuando se juntasen los señores principales con el rey en sus tiempos y solaces, ó cuando hacian los taquis[35] ó borracheras suyas. En estos lugares, los que sabian los romançes, á voces grandes, mirando contra el Inca, le cantaban lo que por sus pasados habia sido hecho; y si entre los reyes alguno salia remisio, cobarde, dado á vicios, y amigo de holgar sin acrescentar el señorío de su imperio, mandaban que destos tales hobiese poca memoria ó casi ninguna; y tanto miraban esto, que si alguna se hallaba, era por no olvidar el nombre suyo y la sucesion; pero en lo demás se callaba, sin contar los cantares de otros que de los buenos y valientes. Porque tuvieron en tanto sus memorias, que, muerto uno destos señores tan grandes, no aplicaba su hijo para sí otra cosa que el señorío, porque era ley entre ellos que la riqueza y el aparato real del que habia sido rey del Cuzco, no lo hobiese otro en su poder, ni se perdiese su memoria; para lo cual se hacia un bulto de mano[36], con la figura que ellos ponerle querian, al cual llamaban del nombre del rey ya muerto; y solian estos bultos ponerse en la plaza del Cuzco, cuando se hacian sus fiestas, y en rededor de cada bulto destos reyes estaban sus mugeres y criados, y venian todos, aparejándose allí su comida y bebida, porque el Demonio debia de hablar en aquellos bultos, pues que esto por ellos se usaba; y cada bulto tenia sus truanes ó decidores, questaban con palabras alegres contentando al pueblo; y todo el tesoro que el señor tenia siendo vivo, estaba en poder de sus criados y familiares, y se sacaba á las fiestas semejantes con gran aparato; sin lo cual, no dejaban de tener sus chácaras, ques nombre de heredades, donde cogian sus maízes y otros mantenimientos con que sustentaban las mugeres con toda la demás familia destos señores que tenian bultos y memorias, aunque ya eran muertos. Y cierto esta usanza fué harta parte para que en este reyno hobiese la suma tan grande de tesoros que se han visto por nuestros ojos; y á españoles conquistadores he oydo que, cuando, descubriendo las provincias del reyno, entraron en el Cuzco, habia destos bultos, lo cual paresció ser verdad, cuando dende á poco tiempo, queriendo tomar la borla Manco Inca Yupanqui, hijo de Huayna Capac, públicamente fueron sacados en la plaza del Cuzco, á vista de todos los españoles é yndios que en ella en aquel tiempo estaban.