Y conosciendo los Incas cuánto se siente por todas las naciones dejar sus patrias y naturalezas propias, porque con buen ánimo tomasen aquel destierro, es averiguado que honraban á estos tales que se mudaban, y que á muchos dieron brazaletes de oro y de plata y ropas de lana y de pluma y mugeres, y eran privilegiados en otras muchas cosas; y así, entre ellos habia espías que siempre andaban escuchando lo que los naturales hablaban é intentaban, de lo cual daban aviso á los delegados, ó con priesa grande iban al Cuzco á informar dello al Inca. Con esto, todo estaba seguro y los mitimaes temian á los naturales y los naturales á los mitimaes, y todos entendian en obedecer y servir llanamente. Y si en los unos ó en los otros habia motines ó tramas ó juntas, hacianse grandes castigos; porque los Incas, algunos dellos fueron vengativos y castigaban sin templanza y con gran crueldad.

Para este efecto estaban puestos los unos mitimaes, de los cuales sacaban muchos para ovejeros y rabadanes de los ganados de los Incas y del sol, y otros para roperos, y otros para plateros, y otros para canteros y para labradores, y para debujar y esculpir y hacer bultos; en fin, para lo que más le mandaban y dellos requerian servir. Y tambien mandaban que de los pueblos fuesen á ser mitimaes á las montañas de los Andes, á sembrar maíz y criar la coca y beneficiar los árboles de fruta, y proveer de la[68] que faltaba en los pueblos donde con los frios y con las nieves no se pueden dar ni sembrar estas cosas.

Para el segundo efecto que los mitimaes se pusieron, fué, porque los indios de las fronteras de los Andes, como son Chunchos y Moxos Cheriguanaes, que los más dellos tienen sus tierras á la parte de Levante á la decaida de las sierras, y son gentes bárbaras y muy belicosas, y que muchos dellos comen carne humana, y que muchas veces salieron á dar guerra á los naturales de acá y les destruyan sus campos y pueblos, llevando presos los que dellos podian; para remedio desto, habia en muchas partes capitanías y guarniciones ordinarias, en las cuales estaban algunos orejones. Y porque la fuerza de la guerra no estuviese en una nacion, ni presto supiesen concertarse para alguna rebelion ó conjuracion, sacaban para soldados destas capitanías, mitimaes de las partes y provincias que convenian, los cuales eran llevados á donde digo, y tenian sus fuertes, que son pucaraes, para defenderse, si tuviesen necesidad; y proveian de mantenimiento á esta gente de guerra, del maíz y otras cosas de comida que los comarcanos proveian de sus tributos y derramas que les eran echadas; y la paga que se les hacia, era, en algunos tiempos mandalles dar algunas ropas de lana y plumas ó braceletes de oro y de plata á los que se mostraban más valientes; y tambien les daban mujeres de las muchas que en cada provincia estaban guardadas en nombre del Inca; y como todas las más eran hermosas, teníanlas y estimábanlas en mucho. Sin esto les daban otras cosas de poco valor; lo cual tenian cargo de proveer los gobernadores de las provincias, porque tenian mando y poder sobre los capitanes á quien estos mitimaes obedecian. Y sin las partes dichas, tenian algunas destas guarniciones en las fronteras de los Chachapoyas y Bracamoros, y en el Quito, y en Caranque, que es adelante del Quito, al Norte, junto á la provincia que llaman de Popayan, y en otras partes donde seria menester, así en Chile como en los llanos y sierras.

La otra manera de poner mitimaes era más extraña; porque, aunque esotras son grandes, no es novedad poner capitanes y gente de guarnicion en fronteras, puesto que hasta agora no ha faltado quien así lo haya acertado á hacer; y era, que si por caso, andando conquistando la tierra de sierras ó valles ó campaña ó en ladera aparejada para labranza y crianza, y que fuese de buen temple y fértil, que estuviese desierta y despoblada, que fuese como he dicho y teniendo las partes que he puesto, luego con mucha presteza mandaban que de las provincias comarcanas que tuviesen el mismo temple que aquellas, para la sanidad de los pobladores, que viniesen tantos que bastasen á poblarlas, á los cuales luego repartian los campos, proveyéndolos de ganados y mantenimientos todo lo que habian menester, hasta tener fructo de sus cosechas; y tan buenas obras se hacian á estos tales, y tanta diligencia en ello mandaba poner el rey, que en breve tiempo estaba poblado y labrado y tal, que era gran contento verlo. Y desta manera se poblaron muchos valles en los llanos y pueblos en la serranía de los que los Incas vian, como de los que por relacion sabian haber en otras partes; y á estos nuevos pobladores, por algunos años no les pedian tributo ni ellos lo daban, ántes eran proveidos de mujeres y coca y mantenimientos, para que con mejor voluntad entendieren en sus poblaciones.

Y desta manera habia en estos reinos, en los tiempos de los Incas, muy poca tierra que pareciese fertil que estuviese desierta, sino todo tan poblado como saben los primeros chripstianos que en este reino entraron. Que por cierto no es pequeño dolor contemplar, que siendo aquellos Incas gentiles é idólatras, tuviesen tan buena órden para saber gobernar y conservar tierras tan largas, y nosotros, siendo chripstianos, hayamos destruido tantos reinos; porque, por donde quiera que han pasado chripstianos conquistando y descubriendo, otra cosa no parece sino que con fuego se va todo gastando. Y háse de entender, que la ciudad del Cuzco tambien estaba llena de gentes estranjeras, todo de industria; porque habiendo muchos linages de hombres, no se conformasen para levantamiento ni otra cosa que fuese deservicio del rey; y [de] esto hoy dia están en el Cuzco Chachapoyas y Cañares y de otras partes, de los que han quedado de los que allí se pusieron.

Tiénese por muy cierto de los mitimaes, que [se] usaron desde Inca Yupanqui, el que puso las postas, y el primero que entendió [en] engrandecer el templo de Curicancha, como se dirá en su lugar; y aunque otros algunos indios dicen que fueron puestos estos mitimaes desde el tiempo de Viracocha Inga, padre de Inca Yupanqui, podrálo creer quien quisiere, que yo hice tanta averiguacion sobre ello, que torno [á] afirmar haberlo inventado Inca Yupanqui; y así lo creo y tengo para mí; y con tanto, pasemos adelante.

CAP. XXIII.—Del gran concierto que se tenia cuando salian del Cuzco para la guerra los Señores, y cómo castigaban los ladrones.

Conté en los capítulos de atrás de la manera que salia el Señor á visitar el reino, para ver y entender las cosas que en él pasaban; y agora quiero dar á entender al lector cómo salian para la guerra y la órden que en ello se tenia. Y es, que como estos indios son todos morenos y alharaquientos y que en tanto se parecen los unos á otros, como hoy dia vemos los que con ellos tratamos; para quitar inconvenientes y que los unos á los otros se entendiesen, porque si no era cuando algunos orejones andaban visitando las provincias, nunca en ninguna dejaron de hablar en lengua natural, puesto que por la ley que lo ordenaba eran obligados á saber la lengua del Cuzco, y en los reales era lo mesmo, y lo que es en todas partes; pues está claro, que si el Emperador tiene un campo en Italia, y hay españoles, tudescos, borgoñones, flamencos é italianos, que cada nacion hablará en su lengua;—y por esto, se usaba en todo este reino, lo primero, de las señales en las cabezas diferentes las unas de otras; porque si eran Yuncas[69], andaban arrebozados como gitanos[70]; y si eran Collas, tenian unos bonetes como hechura de morteros, hechos de lana; y si Canas; tenian otros bonetes mayores y muy anchos; los Cañares traian unas coronas de palo delgado como aro de cedazo; los Guancas unos ramales que les caian por debajo de la barba, y los cabellos entrenchados; los Canchis[71] unas vendas anchas coloradas ó negras por encima de la frente; por manera, que así estos como todos los demás, eran conocidos por estas [señales] que tenian por insinia[72], que era tan buena y clara, que aunque hobiera juntos quinientos mill hombres, claramente se conoscieran los unos á los otros. Y hoy dia, donde vemos junta de gente, luego decimos, estos son de tal parte, y estos de tal parte; que por esto, como digo, eran unos de otros conocidos.

Y los reyes, para que en la guerra, siendo muchos, no se embarazasen y desordenasen, tenian esta órden: que en la gran plaza de la cibdad del Cuzco estaba la piedra de la guerra, que era grande, de la forma y hechura de un pan de azúcar, bien engastonada y llena de oro; y salia el rey con sus consejeros y privados á donde mandaba llamar á los principales y caciques de las provincias, [para saber] de los cuales los que entre sus indios eran más valientes, para señalar por mandones y capitanes; y sabido, se hacia el nombramiento; que era, que un indio tenia cargo de diez, y otro de cincuenta, y otro de ciento, y otro de quinientos, é otro de mill, é otro de cinco mill, y otro de diez mill; y estos que tenian estos cargos, era cada uno de los indios de su patria, y todos obedecian al capitan general del rey. Por manera, que siendo menester enviar diez mill hombres [á] algun combate ó guerra, no era menester más de abrir la boca y mandarlo, y si cinco mill[73], por el consiguiente; y lo mesmo para descubrir el campo, y para escuchas y rondas, á los que tenian menos gente. Y cada capitanía llevaba su bandera, y unos eran honderos, y otros lanceros, y otros peleaban con macanas, y otros con ayllos y dardos, y algunos con porras.

Salido el Señor del Cuzco, habia grandísima órden, aunque fuesen con él trescientos mill hombres; iban con concierto por sus jornadas de tambo á tambo, á donde hallaban proveimiento para todos, sin que nada faltase, é muy cumplido, é muchas armas y alpargates y toldos para la gente de guerra, y mugeres é indios para servirlos y llevarles sus cargas de tambo á tambo, á donde habia el mesmo proveimiento y abasto de mantenimiento; y el Señor se alojaba y la guarda estaba junto á él, y la demás gente se aposentaba en la redonda en los muchos aposentos que habia; y siempre iban haciendo bailes y borracheras, alegrándose los unos á los otros.