Los naturales de las comarcas por donde pasaban, no habian de ausentarse ni dejar de proveer lo acostumbrado y servir con sus personas á los que iban á guerra, sopena de que eran castigados en mucho; y los soldados y capitanes, ni los hijos de los mismos Incas, eran osados á les hacer ningun mal tratamiento ni robo ni insulto, ni forzaban á muger ninguna, ni les tomaban una sola mazorca de maíz; y si salian deste mandamiento y ley de los Incas, luego les daban pena de muerte; y si alguno habia hurtado, lo azotaban harto más que en España, é muchas veces le daban pena de muerte. Y haciéndolo ansí, en todo habia razon y órden, y los naturales no osaban dejar de servir y proveer á la gente de guerra bastantemente, y los soldados tampoco querian roballos ni hacelles mal, temiendo el castigo. Y si habia algunos motines ó conjuraciones ó levantamientos, los principales y más movedores llevaban al Cuzco á buen recaudo, donde los metian en una cárcel que estaba llena de fieras, como culebras, víboras, tigres, osos, y otras sabandijas malas; y si alguno negaba, decian que aquellas serpientes no le harian mal, y si mentia, que le matarian; y este desvarío tenian y guardaban por cierto. Y en aquella espantosa cárcel tenian siempre, por delitos que hecho habian, mucha gente, los cuales miraban de tiempo á tiempo; y si su suerte tal habia sido que no le hobiesen mordido [á] algunos dellos, sacábanlos, mostrando grande lástima, y dejábanlos volver á sus tierras. Y tenian en esta cárcel carceleros los que bastaban para la guarda della, y para que tubiesen cuidado de dar de comer á los que se prendian, y áun á las malas sabandijas que allí tenian. Y cierto, yo me reí bien de gana cuando en el Cuzco oí que solia haber esta cárcel, y aunque me dijeron el nombre, no me acuerdo, y por eso no lo pongo[74].

CAP. XXIV.—Cómo los Incas mandaron hacer á los naturales pueblos concertados, repartiendo los campos en donde sobrello podrian haber debates, y cómo se mandó que todos generalmente hablasen la lengua del Cuzco.

En los tiempos pasados, ántes que los Incas reinasen, es cosa muy entendida que los naturales destas provincias no tenian los pueblos juntos como ahora los tienen, sino fortalezas con sus fuertes, que llaman pucaraes[75], de donde salian á se dar los unos á los otros guerra; y así siempre andaban recatados y vivian con grandísimo trabajo y desasosiego. Y como los Incas reinaron sobre ellos, paresciéndoles mal esta órden y la manera que tenian en los pueblos, mandáronles, procurándolo en unas partes con halagos y en otras con amenazas, y en todos lugares con dones que les hacian, á que tuvieren por bien de no vivir como salvajes, mas ántes, como hombres de razon, asentasen sus pueblos en los llanos y laderas de las sierras juntos en barrios, como y de la manera que la disposicion de la tierra lo ordenase; y desta manera, los indios, dejados los pucaraes que primeramente tenian, ordenaron sus pueblos de buena manera, así en los valles de los llanos, como en la serranía y llanura de Collao; y para que no tuviesen enojo sobre los campos y heredades, los mismos Incas les repartieron los términos, señalando lo que cada uno habia de tener, en donde se puso límites, para conocimiento de los que habian y despues dellos nasciesen. Esto claro lo dicen los indios hoy dia, y á mí me lo dijeron en Xauxa, á donde dicen que uno de los Incas les repartia entre unos y otros los valles y campos que hoy tienen, con la cual órden se han quedado y quedarán. Y por muchos lugares destos que estaban en la sierra, iban echadas acequias sacadas de los rios con mucho primor y grande ingenio de los que las sacaron; y todos los pueblos, los unos y los otros, estaban llenos de aposentos y depósitos de los reyes, como en muchos lugares está dicho.

Y entendido por ellos cuán gran trabajo seria caminar por tierra tan larga y á donde á cada legua y á cada paso habia nueva lengua, y que seria gran dificultad el entender á todos por interpretes, escogiendo lo más seguro, ordenaron y mandaron, so graves penas que pusieron, que todos los naturales de su imperio entendiesen y supiesen la lengua del Cuzco generalmente, así ellos como sus mujeres; de tal manera, que aun la criatura no hobiese dejado el pecho de su madre, cuando le comenzasen á mostrar la lengua que habia de saber. Y aunque al principio fué dificultoso, y muchos se pusieron en no querer deprender más lenguas de las suyas propias, los reyes pudieron tanto, que salieron con su intencion, y ellos tovieron por bien de cumplir su mandado; y tan de veras se entendió en ello, que en el tiempo de pocos años se sabia y usaba una lengua en más de mill y doscientas leguas; y aunque esta lengua se usaba, todos hablaban las suyas, que eran tantas, que aunque lo escribiese no lo creerian.

Y como saliese un capitan del Cuzco ó alguno de los orejones á tomar cuenta ó residencia, ó por juez de comision, entre algunas provincias, ó para visitar lo que le era mandado, no hablaba en otra lengua que la del Cuzco, ni ellos con él. La cual es muy buena, breve y de gran comprehension y abastada de muchos vocablos, y tan clara, que en pocos dias que yo la traté, supe [lo] que me bastaba para preguntar muchas cosas por donde quiera que andaba. Llaman al hombre en esta lengua luna [runa], y á la mujer guarare [huarmi], y á el padre yaya, y al hermano[76] guayqui [huauque], y á la hermana[77] nana [ñaña], y á la luna quilla, y al mes por el consiguiente, y al año guata, y al dia pinche [punchau], y á la noche tota [tuta], y á la cabeza llaman oma y á los orejas lile [rinri], y á los ojos naui [ñahui], y á las narices sunga [zenca ó singa] y los dientes queros [quiru], y á los brazos maqui y á las piernas chaqui.

Estos vocablos solamente pongo en esta Corónica, porque agora veo que para saber la lengua que antiguamente se usó en España, andan variando, atinando unos á uno y otros á otro; porque los tiempos que han de venir, es sólo para Dios saber los sucesos que han de tener; por tanto, para si algo viniere que enfrie ó haga olvidar lengua que tanto cundió y por tanta gente se usó, que no estén vacilando cuál fué la primera ó la general, ó de dónde salió, ó lo que sobre esto más se desea. Y con tanto, digo que fué mucho beneficio para los españoles haber esta lengua, pues podian con ella andar por todas partes, en algunas de las cuales ya se vá perdiendo.

CAP. XXV.—Cómo los Incas fueron limpios del pecado nefando y de otras fealdades que se han visto en otros príncipes del mundo.

En este reino del Perú, pública fama es entre todos los naturales dél, cómo en algunos pueblos de la comarca de Puerto Viejo se usaba el pecado nefando de la sodomia,—y tambien en otras tierras habria malos cómo en las demás del mundo. Y notaré de esto una gran virtud destos Incas, porque, siendo señores tan libres y que no tenian á quién dar cuenta, y ni habia ninguno tan poderoso entre ellos que se la tomase, y que en otra cosa no entendian las noches y los dias que en darse á lujuria con sus mujeres, y otros pasatiempos;—y jamás se dice ni cuenta que ninguno dellos usaba el pecado susodicho, ántes aborrecian á los que lo usaban, teniéndolos en poco como á viles apocados, pues en semejante suciedad se gloriaban. Y no solamente en sus personas no se halló este pecado, pero ni áun consentian estar en sus casas ni palacios ningunos que supiesen que lo usaban; y áun sin todo esto, me parece que oí decir, que si por ellos era sabido de alguno que tal pecado hubiese cometido, castigaban[le] con tal pena, que fuese señalado y conocido entre todos. Y en esto no hay que dudar, sino ántes se ha de creer que en ninguno dellos cupo tal vicio, ni de los orejones, ni de otras muchas naciones; y los que han escripto generalmente de los indios, condenándolos en general en este pecado, afirmando que son todos sodométicos, han acargádose en ello y, cierto, son obligados á desdecirse, pues ansí han querido condenar tantas naciones y gentes, que son harto más limpios en esto de lo que yo puedo afirmar. Porque, dejando aparte lo de Puerto Viejo, en todo el Perú no se hallaron estos pecadores, sino como es en cada cabo y en todo lugar uno, ó seis, ó ocho, ó diez, y estos, que de secreto se daban á ser malos; porque los que tenian por sacerdotes en los templos, con quien es fama que en los dias de fiesta se ayuntaban con ellos los señores, no pensaban ellos que cometian maldad ni que hacian pecado, sino por sacrificio y engaño del Demonio se usaba[78]. Y aun que por ventura podria ser que los Incas inorasen que tal cosa en los templos se cometiese; [y] puesto que disimulaban algo, era por no hacerse mal quistos, y con pensar que bastaba que ellos mandasen por todas partes adorar el sol y á los más sus dioses, sin entremeterse en proibir religiones y costumbres antiguas, que es á par de muerte á los que con ellas nascieron quitárselas.

Y aun tambien tenemos por entendido, que antiguamente, ántes que los Incas reinasen, en muchas provincias andaban los hombres como salvajes, y los unos salian á se dar guerra á los otros, y se comian como agora hacen los de la provincia de Arma y otros de sus comarcas; y luego que reinaron los Incas, como gente de gran razon y que tenian santas y justas costumbres y leyes, no solamente ellos no comian aquel manjar, porque de otros muchos ha sido y es muy estimado, pero pusiéronse en quitar tal costumbre á los que con ellos trataban, y de tal manera, que en poco tiempo se olvidó y totalmente se tiró, que en todo su señorío, que era tan grande, no se comian ya de muchos años ántes. Los que agora han sucedido, muestran que en ello les vino beneficio notable de los Incas, por no imitar ellos á sus pasados en comer aqueste manjar, en los sacrificios de hombres y niños.

Publican unos y otros,—que aún, por ventura, algun escriptor destos que de presto se arroja lo escribirá,—que mataban, habia dias de sus fiestas, mill ó dos mill niños y mayor número de indios; y esto y otras cosas son testimonio que nosotros los españoles levantamos á estos indios, queriendo con estas cosas que dellos contamos, encubrir nuestros mayores yerros y justificar los malos tratamientos que de nosotros han recebido. No digo yo que no sacrificaban y que no matavan hombres y niños en los tales sacrificios; pero no era lo que se dice ni con mucho. Animales y de sus ganados sacrificaban, pero criaturas humanas menos de lo que yo pensé, y harto, segund contaré en su lugar.