Así que, tengo sabido por dicho de los orejones antiguos, que estos Incas fueron limpios en este pecado, y que no usaban de otras costumbres malas de comer carne humana, ni andar envueltos en vicios públicos, ni eran desordenados, antes ellos á sí propios se corregian. Y si Dios permitiera que tuvieran quien con celo de chripstiandad, y no con ramo de codicia, en lo pasado les dieran entera noticia de nuestra sagrada religion, era gente en quien bien imprimiera, segund vemos por lo que agora con la buena órden que hay se obra. Pero, dejemos lo que se ha hecho, á Dios, quél sabe por que; y en lo que de aquí adelante se hiciere, supliquémosle nos dé su gracia, para que paguemos en algo á gentes que tanto debemos y que tan poco nos ofendió para haber sido molestados de nosotros, estando el Perú y las demás Indias tantas leguas d'España, y tantos mares en medio.
CAP. XXVI.—De cómo tenian los Incas consejeros y ejecutores de la justicia, y la cuenta que tenian en el tiempo.
Como la ciudad del Cuzco era la más principal de todo el Perú, y en ella residian lo más del tiempo los reyes, tenian en la misma ciudad muchos de los principales del pueblo que eran entre todos los más avisados y entendidos, para sus consejeros; porque todos afirman, que ántes que intentasen cosa ninguna y de importancia, lo comunicaban con estos tales, allegando su parecer á los más votos; y para la gobernacion de la ciudad, y que los caminos estuviesen seguros, y por ninguna parte se hiciesen ningunos insultos ni latrocinios, de los más reputados[79] destos, nombraban para que siempre anduviesen castigando á los que fuesen malos; y para esto, andaban siempre mucho por todas partes. De tal manera entendian los Incas en proveer justicia, que ninguno osaba hacer desaguisado ni hurto. Esto se entiende cuanto á lo tocante á los que andaban hechos ladrones, ó forzaban mujeres, ó conjuraban contra los reyes; porque en lo demás, muchas provincias hobo que tuvieron sus guerras unos con otros, y del todo no pudieron los Incas apartallos dellas.
En el rio que corre junto al Cuzco se hacia la justicia de los que allí se prendian ó de otra parte traian presos, á donde les cortaban las cabezas y les daban muerte de otras maneras, como á ellos les agradaba. Los motines y conjuraciones castigaban mucho, y más que á todos, los que eran ladrones y tenidos ya por tales; los hijos y mujeres de los cuales eran aviltados y tenidos por á rentados entre ellos mismos.
En cosas naturales alcanzaron mucho estos indios, así en el movimiento del sol como en el de la luna; y algunos indios decian habia cuatro cielos grandes, y todos afirman que el asiento y silla del gran Dios Hacedor del mundo es en los cielos. Preguntándoles yo muchas veces si alcanzan quel Mundo se ha de acabar, se ríen; y sobre esto saben poco, y si algo saben, es lo que Dios permite quel Demonio les diga. A todo el Mundo llaman Pacha, conociendo la vuelta quel sol hace, y las crecientes y menguantes de la luna. Contaron el año por ello, al cual llaman guata, y lo hacen de doce lunas, teniendo su cuenta en ello; y usaron de unas torrecillas pequeñas, que agora están muchas por los collados del Cuzco algo cuidadas[80], para por la sombra quel sol hacia en ellas, entender en sementeras y en lo que ellos más sobre esto entienden. Y estos Incas miraban mucho en el cielo y en las señales dél, lo cual tambien pendia de ser ellos tan grandes agoreros. Cuando las estrellas corren, grande es la grita que hacen y el mormullo que unos con otros tienen.
CAP. XXVII.—Que trata la riqueza del templo de Curicancha y de la veneracion que los Incas le tenian.
Concluido con algunas cosas que para mi propósito convienen que se escriban, volveremos luego con grand brevedad á contar la sucesion de los reyes que hobo hasta Guascar; y agora quiero decir del grande, riquísimo y muy nombrado templo de Curicancha, que fué el más principal de todos estos reinos.
Y es público entre los indios, ser este templo tan antiguo como la mesma ciudad del Cuzco; más de que Inca Yupanqui, hijo de Viracocha Inga, lo acrescentó en riquezas y paró tal como estaba cuando los chrisptianos entraron en el Perú; y lo más del tesoro fué llevado á Caxamarca por el rescate de Atahuallpa, como en su lugar diremos. Y dicen los orejones, que despues de haber pasado la dudosa guerra que tuvieron los vecinos del Cuzco con los Chancas, que agora son señores de la provincia de Andaguaylas, que como de aquella vitoria que dellos tuvieron quedase Inca Yupanqui tan estimado y nombrado, de todas partes acudian señores á le servir, haciéndole las provincias grandes servicios de metales de oro y plata; porque, en aquellos tiempos, habia grandes mineros y vetas riquísimas; y viéndose tan rico y poderoso, acordó de ennoblecer la Casa del Sol,—que en su lengua llaman Indeguaxi [Intihuasi], y por otro nombre la llamaban Curicancha, que quiere decir cercado de oro,—y acrecentalla con riqueza. Y por que todos los que esto vieren ó leyeren acaben de conocer cuán rico fué el templo que hobo en el Cuzco y el valor de los que edificaron y en él hicieron tan grandes cosas, porné aquí la memoria dél, segund que yo ví é oí á muchos de los primeros chripstianos que oyeron á los tres[81] que vinieron desde Caxamarca, que [le] habian visto; aunque los indios cuentan tanto dello y tan verdadero, que no es menester otra probanza.
Tenia este templo en circuito más de cuatrocientos pasos, todo cercado de una muralla fuerte, labrado todo el edificio de cantería muy excelente de fina piedra muy bien puesta y asentada, y algunas piedras eran muy grandes y soperbias; no tenian mezcla de tierra ni cal, sino con el betun que ellos suelen hazer sus edificios, y están tan bien labradas estas piedras, que no se le parece mezcla ni juntura ninguna. En toda España no he visto cosa que pueda compararse á estas paredes y postura de piedra, sino la torre que llaman la Calahorra, questá junto con la puente de Córdoba, y á una obra que ví en Toledo, cuando fuí á presentar la Primera parte de mi Corónica al príncipe don Felipe, ques el hospital que mandó hacer el arzobispo de Toledo Tavera[82]; y aunque algo se parecen estos edificios á los que digo, los otros son más primos, digo cuanto á las paredes y á las piedras estár primísimamente labradas y asentadas con tanta sotilidad; y esta cerca estaba derecha y muy bien trazada. La piedra me pareció ser algo negra y tosca y excelentísima[83]. Habia muchas puertas, y las portadas muy bien labradas; á media[84] pared, una cinta de oro de dos palmos de ancho y cuatro dedos de altor. Las portadas y puertas estaban chapadas con planchas de este metal. Más adentro estaban cuatro casas no muy grandes labradas desta manera, y las paredes de dentro y de fuera chapadas de oro, y lo mesmo el enmaderamiento, y la cobertura era paja que servia por teja. Habia dos escaños en aquella pared, en los cuales daba el sol en saliendo, y estaban las piedras sotilmente horadadas y puestas en los agujeros muchas piedras preciosas y esmeraldas. En estos escaños se sentaban los reyes, y si otro lo hacia, tenia pena de muerte.
A las puertas destas casas estaban puestos porteros que tenian cargo de mirar por las vírgenes, que eran muchas hijas de señores principales, las más hermosas y apuestas que se podian hallar; y estaban en el templo hasta ser viejas; y si alguna tenia conocimiento con varon, la mataban ó la enterraban viva, y lo mesmo hacian á él. Estas mujeres eran llamadas mamaconas; no entendian en más de tejer y pintar ropa de lana para servicio del templo y en hacer chicha, que es el vino que hacen, de que siempre tenian llenas grandes vasijas.