Y en mitad de la plaza tenian puesto, á lo que dicen, un teatro grande con sus gradas, muy adornado con paños de plumas llenos de chaquira de oro, y mantas grandes riquísimas de su tan fina lana, sembrados de argenteria de oro y de pedreria. En lo alto de este trono ponian la figura de su Ticiviracocha, grande y rica; al cual, como ellos tenian por Dios soberano hacedor de lo criado, lo ponian en lo más alto y le daban el lugar más eminente; y todos los sacerdotes estaban junto á él; y el Inca con los principales y gente común le iban á mochár, tirándose los alpargates, descalzos, con grand humildad; y encogian los hombros y, hinchando los carrillos, soplaban hácia él, haciendo la mocha, que es como decir reverencia.

Abajo deste trono se tenia la figura del sol, que no oso afirmar de lo que era hecha, y tambien ponian la de la luna y otros bultos de dioses esculpidos en palos y en piedras; y crean los letores, que tenemos por muy cierto, que ni en Jerusalem, Roma, ni en Persia, ni en ninguna parte del mundo, por ninguna república ni rey dél se juntaba en un lugar tanta riqueza de metales de oro y plata y pedreria como en esta plaza del Cuzco, cuando estas fiestas y otras semejantes se hacian; porque eran sacados los bultos de los Incas, reyes suyos, ya muertos, cada uno con su servicio y aparato de oro y plata que tenian, digo los que habiendo sido en vida buenos y valerosos, piadosos con los indios, generosos en les hacer mercedes, perdonadores de injurias; porque á estos tales canonizaba su ceguedad por sanctos, y honraban sus huesos, sin entender que las animas ardian en los infiernos, y creían questaban en el cielo. Y lo mesmo era de algunos otros orejones ó de otra nacion, que por algunas causas que en su gentilidad hallaban, los llamaban tambien sanctos. Y llaman ellos á esta manera de canonizar ylla, que quiere decir cuerpo del que fué bueno en la vida[95]; y en otro entendimiento, yllapa significa trueno ó relámpago; y asi llaman los indios á los tiros de artilleria yllapa, por el estruendo que hace[96].

Pues juntos el Inca y el grand sacerdote con los cortesanos del Cuzco y mucha gente que venia de las comarcas, teniendo sus dioses puestos en tálamo, los mochaban, que es hacerles reverencia, lo que ellos usaban ofreciéndoles muchos dones de ídolos de oro pequeños y ovejas de oro, y figuras de mujeres, todo pequeño, y otras muchas[97] joyas. Y estaban en esta fiesta de Hátun Raimi quince ó veinte dias, en los cuales se hacian grandes táquis y borracheras y otras fiestas á su usanza; lo cual pasado, daban fin al sacrificio, metiendo los bultos de los ídolos en los templos, y los de los Incas muertos en sus casas.

El sacerdote mayor tenia aquella dignidad por su vida, y era casado, y era tan estimado, que competia en razones con el Inca, y tenia poder sobre todos los oráculos y templos, y quitaba y ponia sacerdotes. El Inca y él jugaban muchas veces á sus juegos, y eran estos tales de grand linaje y de parientes poderosos, y no daban la tal dignidad á hombres bajos ni oscuros, aunque tuviesen mucho merecimiento.—Nobles se llaman todos los que vivian en la parte del Cuzco, que llamaban orencuzcos y anancuzcos[98], y los hijos descendientes dellos, aunque en otras partes residiesen en otras tierras. Yo me acuerdo, estando en el Cuzco el año pasado de mill quinientos y cincuenta por el mes de agosto, despues de haber cogido sus sementeras, entrar los indios con sus mugeres por la ciudad con gran ruido, trayendo los arados en las manos y algunas pajas y maíz, hacer fiesta en solamente cantar y decir cuanto en lo pasado solian festejar sus cosechas. E porque no consienten los apos[99] y sacerdotes questas fiestas gentílicas se hagan en público, como solian, ni en secreto lo consintirian, si lo supiesen; pero como haya tantos millares de indios sin se haber vuelto chripstianos, de creer es, que, en donde no los vean, harán lo que se les antojare. La figura de Ticiviracocha, y la del sol y la luna, y la maroma grande de oro, y otras piezas conocidas, no se han hallado, ni hay indio, ni chripstiano que sepa ni atine á dónde están[100]; pero aunque mucho, esto es poco para lo que está enterrado en el Cuzco y en los oráculos y en otras partes deste grand reino.

CAP. XXXI.—Del segundo rey ó Inca que hobo en el Cuzco, llamado Sinchi Roca.[ [101]

Pues con la más brevedad que pude escribí lo que entendí de la gobernacion y costumbre de los Incas, quiero volver con mi escriptura á contar lo que hobo desde Manco Capac hasta Guascar, como atrás prometí. Y así, deste como de otros no dan mucha noticia los orejones, porque, á la verdad, hicieron pocas cosas; porque los inventores de lo escripto y los más valerosos de todos ellos, fueron Inca Iupanqui y Tupac Inca, su hijo, y Guayna Capac su nieto; aunque tambien lo debe causar la razon, que ya tengo escripta, de ser éstos los más modernos.

Luego, pues, que fué muerto Manco Capac y hechos por él los lloros generales y osequias, Sinchi Roca Inca toma la borla ó corona con las cirimonias acostumbradas, procurando luego de alargar la casa del sol y allegar á sí la más gente que pudo con halagos y grandes ofrecimientos, llamando, como ya se llamaba á la nueva poblacion, Cuzco. Y algunos de los indios naturales dél afirman, que á donde estaba la grande plaza, ques la misma que agora tiene, habia un pequeño lago y tremedal de agua que les era dificultoso para el labrar los edificios grandes que querian comenzar y edificar; mas, como esto fuese conocido por el rey Sinchi Roca[102], procura con ayuda de sus aliados y vecinos deshacer aquel palude, cegándolo con grandes losas y maderos gruesos, allanando por encima donde el agua solia estar, de tal manera, que quedó como agora lo vemos. Y aún cuentan más, que todo el valle del Cuzco era estéril y jamás daba buen fruto la tierra dél de lo que sembraron, y que de dentro de la grand montaña de los Andes trajeron muchos millares de cargas de tierra, la cual tendieron por todo él; con lo cual, si es verdad, quedó el valle muy fértil, como agora lo vemos.

Este Inca hobo en su hermana y mujer muchos hijos: al mayor nombraron Lloque Yupanqui[103]. Y visto por los comarcanos al Cuzco la buena órden que tenian los nuevos pobladores que en él estaban, y cómo traian á su amistad las gentes más por amor y binivolencia que no por armas ni rigor, algunos capitanes y principales vinieron á con ellos tener sus pláticas, holgándose de ver el templo de Curicancha y la buena órden con que se regian; que fué causa que firmaron con ellos amistades de muchas partes. Y dicen más, que como hobiesen venido al Cuzco, entre estos que digo, un capitan del pueblo que llaman Zañu[104], no muy léjos de la ciudad, que rogó á Sinchi Roca[105], con gran veemencia que en ello puso, que tuviese por bien que una hija que él tenia muy apuesta y hermosa, la quisiese recibir para darla por mujer á su hijo. Entendido esto por el Inca, pesóle, porque era lo que se le pedia cosa, que si lo otorgaba, iba contra lo establecido y ordenado por su padre, y si no concedia al dicho deste capitan, quél y los demás los tenian por hombres inhumanos, publicando que no eran más de para sí. Y habiendo tomado consejo con los orejones y principales de la ciudad, paresció á todos que debia de recibir la doncella para la casar con su hijo, porque hasta que tuviesen más fuerza y potencia, no se habian de guiar en aquel caso por lo que su padre dejó mandado. Y así, dicen que respondió al padre de la que habia de ser mujer de su hijo, que la trajiesen; y se hicieron las bodas con toda solenidad, á su costumbre é modo, y fué llamada en el Cuzco Coya; y una hija que tenia el rey, que habia de ser mujer de su hermano, fué colocada en el templo de Curicancha, á donde ya habian puesto sacerdotes y se hacian sacrificios delante de la figura del sol, y habia porteros para guarda de las mujeres sagradas de la manera y como está contado. Y como este casamiento se hizo, cuentan los mismos indios que aquella parcialidad se juntó con los vecinos del Cuzco, y haciendo grandes convites y borracheras, confirmaron su hermandad y amistad de ser todos unos; y por ello se hicieron grandes sacrificios en el cerro de Guanacaure y en Tampuquiro y en el mesmo templo de Curicancha. Lo cual pasado, se juntaron más de cuatro mill mancebos, y hechas las cirimonias que para ello se habian inventado, fueron armados caballeros y quedaron tenidos por nobles, y les fueron rasgadas las orejas y puestos en ellas aquel redondo que usar solian.

Pasado esto y otras cosas que sucedieron al rey Sinchi Roca, que no sabemos, despues de ser viejo y de dejar muchos hijos y hijas, murió y fué muy llorado y plañido, y le hicieron osequias muy suntuosas, guardando su bulto para memoria que habia sido bueno, creyendo que su ánima descansaba en los cielos.

CAP. XXXII.—Del tercero rey que hubo en el Cuzco, llamado Lloque Yupanqui.