Y prosiguiendo con este cuento, dicen más, que despues que mucho hobieron cavado y vieron el ojo de agua, hicieron grandes sacrificios á sus dioses, creyendo que por virtud de su deidad aquel beneficio les habia venido, y que con mucha alegría se dieron tal maña, que llevaron el agua por medio de la ciudad, habiendo primero enlosado el suelo con losas grandes, sacando con cimientos fuertes unas paredes de buena piedra por una parte y por otra del rio; y para pasar por él, se hicieron á trechos algunos puentes de piedra.
Este rio yo lo he visto, y es verdad que corre de la manera que cuentan, viniendo el nacimiento[115] de hácia aquella sierra. Lo demás, no sé lo que es, más de escribir lo que sobre ello cuentan; y bien podria ir algun ojo de agua metido en la mesma tierra, sin ser visto ni oido el ruido del agua, hechálo por la ciudad, como agora lo vemos; porque en muchas partes deste gran reino van ó corren rios grandes y pequeños por debajo de la tierra, como ternan noticia los que por los llanos y sierras dél hubieren andado. En este tiempo, muladares grandes hay por la orilla deste rio, lleno de inmundicias y bascosidades, lo que no estaba en tiempo de los Incas, sino muy limpio, corriendo el agua por encima de las losas dichas; y algunas veces se iban á lavar los Incas con sus mugeres; y en diversas veces han algunos españoles hallado cantidad de oro, no puro, sino en joyas menudas, y de sus topos, que dejaban ó se les caian cuando se bañaban.
Despues de pasado esto, Inca Roca salió, á lo que dicen, del Cuzco á hacer sacrificios, procurando con grandes mañas y buenas palabras atraer á su amistad las gentes que más podia; y salió y fué hácia lo que llaman Condesuyo; á donde, en el lugar que llaman Pomatambo, tuvo una batalla con los naturales de aquellas comarcas, de la cual quedó por vencedor y señor de todos; porque, perdonando con muchas liberalidades y comunicando con ellos sus cosas grandes, le tomaron amor y ofrecieron á su servicio, obligándose de le acudir con tributos. Despues de haber estado algunos dias en Condesuyo y visitado los oráculos y templos que hay por aquellas tierras, se volvió victorioso al Cuzco, yendo delante dél indios principales, guardando su persona con hachas y alabardas de oro.
Tuvo este Inca muchos hijos y no hija ninguna; y habiendo ordenado y mandado algunas cosas grandes y de importancia para la gobernacion, murió, habiendo primero casado á su primogénito, que por nombre habia Inca Yupanqui, con una señora natural de Ayarmaca, á quien nombraban Mama Chiquia.
CAP. XXXVI.—Del séptimo rey ó Inca que en el Cuzco hobo, llamado Inca Yupanqui.
Muerto que fué Inca Roca acudieron de Condesuyo, Vicos, de Ayarmaca, y de las otras partes con que habia asentado alianza y amistad, mucha gente, así hombres como mugeres, é fueron hechos grandes llantos por el rey difunto; é muchas mugeres de las que en vida le amaron y sirvieron, conforme á la ceguedad de los indios general, de sus mesmos cabellos se ahorcaron, y otras se mataron por otros modos, para, de presto, enviar sus ánimas para servir á la de Inca Roca; y en la sepoltura, que fué magnífica y suntuosa, echaron grandes tesoros y mayor cantidad de mugeres y sirvientes con mantenimientos y ropa fina.
Ninguna sepoltura destos reyes se ha hallado; y para que se conozca si serian ricas ó no, no es menester más prueba que, pues se hallaban en sepolturas comunes á sesenta mill pesos de oro y más y ménos, ¿qué serian las que metian estos que tanto deste metal poseyeron y que tenian por cosa importantísima salir deste siglo ricos y adornados?
Así mesmo le fué hecho bulto á Inca Roca, contándole por uno de sus dioses, creyendo que ya descansaba en el cielo.
Pasados los lloros y hechas las osequias, el nuevo Inca se encerró á hacer el ayuno; y porque con su ausencia no recreciese alguna sedicion ó levantamiento de pueblo, mandó que uno de los más principales de su linage estuviese en público representando su mesma persona; al cual dió poder para que pudiese castigar al que hiciese por qué, y tener la ciudad en todo sosiego y paz, hasta que él saliese con la insinia real de la borla. Y este Inca, dicen que tienen por noticia que fué de gentil presencia, grave y de autoridad. El cual entró en lo más secreto de su palacio, á donde hizo el ayuno, metiéndole á tiempos el maíz con lo que más comia, y se estaba sin tener ayuntamiento carnal con muger. Acabado, se salió luego, mostrando con su vista las gentes gran contento; y se hicieron sus fiestas y sacrificios grandes; y pasadas las fiestas, mandó el Inca que se trajese de todas partes cantidad de oro y plata para el templo; y se hizo en el Cuzco la piedra que llaman de la guerra, grande, y las engastonadas en oro y piedras[116].