Llegado al rio de Apurima, pasó por la puente que se habia echado, y anduvo hasta los aposentos de Curahuasi[153]. De la comarca salian muchos hombres y mujeres y algunos señores y principales, y cuando lo vian, quedaban espantados, y llamábanlo "Gran señor, Hijo del Sol, Monarca de todos," y otros nombres grandes. En este aposento dicen que dió á un capitan de los Chancas, llamado Tupac Uasco[154], por mujer, una palla del Cuzco y que la tuvo en mucho.

Pasando adelante el Inca por el rio de Apurima y Cochacassa, como los naturales de aquella parte estuviesen en los pucaraes fuertes y no tuviesen pueblos juntos, les mandó que viviesen ordenadamente sin tener costumbre mala ni darse la muerte los unos á los otros. Mucho se alegraron con estos dichos, y les fué bien de obedecer su mandamiento. Los de Curampa[155] reian dello, y entendido [de] Inca Yupanqui, y no bastando amonestaciones, los venció en batalla, matando á muchos y cativando á otros. Y porque la tierra era buena, mandó á un mayordomo suyo quedase á reformarla y á que se hiciesen aposentos y templo del sol.

Ordenado esto con gran prudencia, el rey salió de allí y anduvo hasta la provincia de Andaguaylas, á donde le fué hecho solene recebimiento, y estuvo allí algunos dias determinando si iria á conquistar á los naturales de Guamanga, ó Xauxa, ó los Soras y Rucanas[156]; mas, despues de haber pensado, con acuerdo de los suyos, determinó de ir á los Soras. Y saliendo de allí, anduvo por un despoblado que iba á salir á los Soras, los cuales supieron su venida y se juntaron para se defender.

Habia inviado Inca Yupanqui capitanes con gentes para otras partes muchas á que allegasen las gentes á su servicio con la más blandura que pudiesen, y á los Soras envió mensajeros sobre que no tomasen armas contra él, prometiendo de los tener en mucho sin les hacer agravio ni daño; mas, no quisieron paz con servidumbre, sino guerrear por no perder la libertad. Y así, juntos unos con otros, tuvieron la batalla, la cual, dicen los que della tuvieron memoria, que fué muy reñida, y que murieron muchos de ambas partes, mas quedando el campo por los del Cuzco. Los que escaparon de ser muertos y presos, fueron dando aullidos y gemidos á su pueblo, á donde pusieron algun cobro en sus haciendas, y sacando sus mujeres, lo desampararon y se fueron, segun es público, á un peñol fuerte, questá cerca del rio de Vilcas, donde habia en lo alto muchas cuevas y agua por naturaleza; y en este peñol se recogieron muchos hombres con sus mujeres; é hízose por miedo del Inca, proveyéndose del más bastimento que pudieron. Y no solo los Soras se recogieron á este peñol, que de la comarca de Guamanga y del rio de Vilcas y de otras partes se juntaron con ellos, espantados de oir que el Inca queria ser solo Señor de las gentes.

Vencida la batalla, los vencedores gozaron del despojo, y el Inca mandó que no hiciesen daño á los cativos; antes los mandó soltar á todos ellos, y mandó ir un capitan con gente á lo de Condesuyo por la parte de Pumatampu[157]; y como entrase en los Soras y supiese haberse ido la gente al peñol ya dicho, recebió mucho enojo y determinó de los ir á cercar; y así, mandó á sus capitanes que con la gente de guerra caminasen contra ellos.

CAP. XLVIII.—De cómo el Inca revolvió sobre Vilcas y puso cerco en el peñol donde estaban hechos fuertes los enemigos.

Muy grandes cosas cuentan los orejones deste Inca Yupanqui y de Tupac Inca, su hijo, y Guayna Capac, su nieto; porque estos fueron de los que se mostraron más valerosos. Los que fueren leyendo sus acaecimientos, crean que yo quito ántes de lo que supe, que no añadir nada, y que para afirmarlo por cierto, fuera menester lo que es causa que yo no afirme más de lo que[158] escribo por relacion destos indios; y para mí creo esto y más por los rastros y señales que dejaron de sus pisadas estos reyes, y por el su mucho poder, que da muestra de no ser nada esto que yo escribo para lo que pasó; la cual memoria durará en el Perú mientras hubiese hombres de los naturales.

E volviendo al propósito, como el Inca tanto desease haber á las manos á los questaban en el peñol, andaba con su gente hasta llegar al rio de Vilcas. Los de la comarca, como supieron su estada allí, muchos vinieron á le ver, haciéndole grandes servicios, y firmaron con él amistad, y por su mandato comenzaron á hacer aposentos y edificios grandes en lo que agora llamamos Vilcas, quedando maestros del Cuzco para dar la traza y mostrar con la manera que habian de poner las piedras y losas en el edificio. Llegando, pues, al peñol, procuró con toda buena razon de atraer á su amistad á los que en él estaban hechos fuertes, enviándoles sus mensajeros; mas ellos se reian de sus dichos y lanzaban muchos tiros de piedra. El Inca, viendo su propósito, determinó de no partir sin dejar hecho castigo en ellos. Y supo cómo los capitanes que envió á la provincia de Condesuyo, habian dado algunas batallas á los de aquellas tierras y los habian vencido y metido en su señorío los más de la provincia; y porque los del Collao no pensasen que habian de estar seguros, conociendo ser valiente Hastu Guaraca, el señor de Andaguaylas, le mandó que con su hermano Tupac Uasco[159] se partiese para el Collao á procurar de meter en su señorío á los naturales. Respondieron que lo harian como lo mandaba, y luego partieron para su tierra, para desde ella ir al Cuzco á juntar el ejército que habian de llevar.

Los del peñol, todavía estaban en su propósito de se defender, y el Inca los habia cercado, y pasaron entre unos y otras grandes cosas, porque fué largo el cerco; y al fin, faltando los mantenimientos, se hobieron de dar los que estaban en el peñol, obligándose de servir, como los demás, al Cuzco, y tributar y dar gente de guerra. Y con esta servidumbre quedaron en gracia del Inca, de quien dicen no hacerles enojo, ántes mandarles proveer de mantenimientos y otras cosas, y enviallos á sus tierras; otros dicen que los mató á todos sin que ninguno escapase. Lo primero creo, aunque de lo uno y de lo otro no sé más de decirlo estos indios.

Acabado esto, cuentan que de muchas partes vinieron á ofrecerse al servicio del Inca, y que recibia graciosamente á todos los que venian; y que salió de allí para volver al Cuzco, y halló en el camino hechos muchos aposentos, y que en las más partes se habian abajado de las laderas los naturales, y tenian en lo llano pueblos concertados como lo mandaba y habia ordenado.