CAP. LIV.—De cómo hallándose muy viejo Inca Yupanqui, dejó la gobernacion del reino á Tupac Inca, su hijo.

No mostró en público sentimiento Inca Yupanqui en saber la nueva del alzamiento del Collao, ántes, con ánimo grande, mandó hacer llamamiento de gente, para en persona ir á los castigar, enviando sus mensajeros á los Canas y Canches, para que estuviesen firmes en su amistad, sin los ensoberbecer la mudanza del Collao; y queriendo ponerse á punto para salir del Cuzco, como ya fuese muy viejo y estuviese cansado de las guerras que habia hecho y caminos que habia andado, sintióse tan pesado y quebrantado, que sintiéndose poco bastante para ello, ni tampoco para entender en la gobernacion de tan gran reino, mandó llamar al Gran Sacerdote y á los orejones y más principales de la ciudad, y les dijo, que ya él estaba tan viejo, que era más para estarse junto á la lumbre, que no para seguir los reales, y pues así lo conoscian y entendian decia en todo verdad, que tomasen por Inca á Tupac Inca Yupanqui, su hijo, mancebo tan esforzado como ellos habian visto en las guerras que habia hecho, y que le entregaria la borla, para que por todos fuese obedecido por Señor y estimado por tal; y quél se daria maña como los del Collao fuesen castigados por su alzamiento y muertes que habian hecho á los orejones y delegados que entre ellos quedaron. Respondieron á estas palabras, los que por él fueron llamados, que fuese hecho como lo ordenase, y en todo mandase lo quél fuese servido, porque en todo le obedecerian como siempre habian hecho. [En] el Collao y en las provincias de los Canches y Canas le hicieron grandes recebimientos con presentes ricos, y le habian hecho, en lo que llaman Cacha, unos palacios al modo de como ellos labran, bien vistosos.

Los Collas, como supieron que Tupac Inca venia contra ellos tan poderoso, buscaron favores de sus vecinos, y juntáronse los más dellos con determinacion de le aguardar en el campo á le dar batalla. Cuentan que tuvo de todo esto aviso Tupac Inca, y como él era tan clemente, aunque conoscia la ventaja que tenia á los enemigos, les envió de las Canas, vecinos suyos, mensajeros que les avisasen cómo su deseo no era de con éllos tener enemistad ni castigallos conforme á lo mal que lo hicieron, cuando sin culpa ninguna mataron á los gobernadores y delegados de su padre, si quisiesen dejar las armas y dar la obediencia, pues para ser bien gobernados y regidos[182], convenia reconocer Señor y que fuese uno y no muchos.

Con esta embajada envió un orejon con algunos presentes para los principales de los Collas, mas no prestó nada ni quisieron su confederacion, ántes, la junta questaba hecha, teniendo por capitanes los señores de los pueblos, se venieron acercando á donde estaba Tupac Inca; y cuentan todos, que en el pueblo llamado Pucara, se pusieron en un fuerte que allí hicieron, y como llegó el Inca, tuvieron su guerra con la grita que suelen, y al fin se dió batalla entre unos y otros, en la cual murieron muchos de entrambas partes, y los Collas fueron vencidos, y presos muchos, así hombres como mujeres; y fuéranlo más, si diera lugar á que el alcance se siguiera, el Inca, más esforzado[183]; y á Cari, señor de Chucuito, habló ásperamente, diciéndole, ¿cómo habia respondido á la paz que puso su abuelo Viracocha Inga?, y que no le queria matar, mas que lo enviaria al Cuzco, á donde seria castigado; y así á este como á otros de los presos mandó llevar al Cuzco con guardas; y en señal de la vitoria que hobo de los Collas, en el lugar susodicho, mandó hacer grandes bultos de piedra, y romper, por memoria, de un pedazo de una sierra, y hacer otras cosas que hoy dia, quien fuere por aquel lugar, verá y notará, como hice yo, que paré dos dias, para lo ver y entender de raíz[184].

CAP. LV.—De cómo los Collas pidieron paz, y de cómo el Inca se la otorgó y se volvió al Cuzco.

Los Collas que escaparon de la batalla, dicen, que, muy espantados del acaecimiento, se dieron mucha prisa á huir, creyendo que los del Cuzco les iban á las espaldas, y así, andaban, con este miedo, volviendo de cuando en cuando los rostros á ver lo que ellos no vieron, por lo haber estorbado el Inca. Pasado el Desaguadero, se juntaron todos los principales y tomando su consejo unos con otros, determinaron de enviar á pedir paz al Inca, conque si los recebia en su servicio, pagarian los tributos que debian desde que se alzaron, y que para siempre serian leales. A tratar esto fueron los más avisados dellos, y hallaron á Tupac Inca que venia caminando para ellos, y oyó la embajada con buen semblante, y respondió con palabras de vencedor piadoso, que le pesaba de lo que habia hecho por causa dellos, y que seguramente podian venir á Chucuito, á donde se asentaria con ellos la paz de tal manera, que fuese provechosa para ellos. Y como lo oyeron, pusiéronlo por obra.

Mandó proveer de muchos bastimentos, y el Señor Humalla fué á los rescebir, y el Inca le habló bien, así á él como á los demás señores y capitanes; y ántes que se tratase la paz, cuentan que se hicieron grandes bailes y borracheras, y que, acabados, estando todos juntos, les dijo que no queria que se pusiesen en necesidad en le pagar los tributos que le eran debidos, pues eran suma grande; mas, que pues sin razon ni causa se habian levantado, quél habia de poner guarniciones ordinarias con gente de guerra, [y] que proveyesen de bastimentos y mujeres á los soldados. Dijieron que lo harian, y luego mandó que de otras tierras viniesen mitimaes para ello, con la órden que está dicha; y asimismo entresacó mucha gente del Collao, poniendo la de unos pueblos en otros, y entre ellos quedaron gobernadores y delegados para coger los tributos. Esto hecho, dijo que habian de pasar por una ley que queria hacer para que siempre se supiese lo que por ellos habia sido hecho, y era que no pudiesen entrar jamás en el Cuzco más de tantos mill hombres de toda su provincia y mujeres, so pena de muerte si más osasen entrar de los dichos. Desto recibieron pena, mas concediéronlo como lo demás; y es cierto que si habia Collas en el Cuzco, no osaban entrar otros, si el número estaba cumplido, hasta que salian, y si lo querian hacer, no podian, porque los portazgueros y cogedores de tributos y guardas que habia para mirar lo que entraba y salia de la ciudad, no lo permitian ni consentian, y entre ellos no se usaba cohecho para poder hacer su voluntad, ni tampoco jamás se les decia á sus reyes mentira en cosa ninguna, ni descubrieron su secreto; cosa de alabanza grande.

Asentada la provincia de Collao y puesta en órden, y hablándoles lo que habian de hacer los señores della, el Inca dió su vuelta al Cuzco, enviando primero sus mensajeros á lo de Condesuyo y á los Andes, y que particularmente le avisasen lo que pasaba, y si sus gobernadores hacian algunos agravios, y si los naturales andaban en algunos alborotos; y acompañado de mucha gente y principales, volvió al Cuzco, donde fué recebido con mucha honra, y se hicieron grandes sacrificios en el templo del sol, y [por] los que entendian en la labor del gran edificio de la Casa Fuerte que habia mandado edificar Inca Yupanqui; y la Coya, su mujer y hermana, llamada Mama Ocllo, hizo por sí grandes fiestas y bailes. Y como Tupac Inca tuviese voluntad de salir por el camino de Chinchasuyo á sojuzgar las provincias que están más adelante de Tarama y Bonbon, mandó hacer gran llamamiento de gente por todas las provincias.

CAP. LVI.—De cómo Tupac Inca Yupanqui salió del Cuzco, y cómo sojuzgó toda la tierra que hay hasta el Quito, y de sus grandes hechos.

Esta conquista de Quito que hizo Tupac Yupanqui, bien pudiera yo ser más largo; pero tengo tanto que escribir en otras cosas, que no puedo ocuparme en tanto, ni quiero contar sino sumariamente lo que hizo, pues, para entenderlo, bastará lo divulgado por la tierra. La salida que el rey queria hacer de la ciudad del Cuzco, sin saber á qué parte ni dónde habia de ser la guerra;—porque esto no se decia sino á los consejeros,—juntáronse más de doscientos mill hombres, con tan gran bagaje y repuesto, que henchian los campos; y por las postas fué mandado á los gobernadores de las provincias que de todas las comarcas se trujesen los bastimentos y municiones y armas al camino real de Chinchasuyo, el cual se iba haciendo no desviado del que su padre mandó hacer, ni tan llegado que pudiesen hacerlo todo uno. Este camino fué grande y soberbio, hecho por la órden y industria que se ha escripto, y por todas partes habia proveimiento para toda la multitud de gente que iba en sus reales, sin que nada faltase, y con la haber, ninguno de los suyos era osado de coger tan solamente una mazorca de maíz del campo, y si la cogia, no le costaba ménos que la vida. Los naturales llevaban las cargas y hacian los otros servicios personales, mas, creed que cierto se tiene, que no las llevaban más de hasta el lugar limitado; y como lo hacian con voluntad y les guardaban tanta verdad y justicia, no sentian el trabajo.