Y así, dicen los orejones, que estando las cosas de Inca Yupanqui en este estado, determinó de salir del Cuzco con mucha gente de guerra á lo que llaman Collao y sus comarcas; y así, dejando su gobernador en la ciudad, salió della y anduvo hasta ser llegado al gran pueblo de Ayavire, adonde dicen que, no queriendo venir los naturales dél en conformidad, tuvo cautela como, tomándolos descuidados, mató á todos sus vecinos, hombres y mujeres, haciendo lo mesmo de los de Copacopa[177]; y la destruicion de Ayavire fué tanto, que todos los más perecieron, que no quedaron sino algunos que despues quedaban asombrados de ver tan grande maldad y como locos furiosos por las sementeras, llamando á los mayores suyos con grandes aullidos y palabras temerosas[178]. Y como ya el Inca hobiese caido en la invencion tan galana y provechosa de poner los mitimaes, como viese las lindas vegas y campañas de Ayavire y el rio tan hermoso que por junto á él pasa[179], mandó que viniesen de las comarcas la gente que bastase con sus mujeres á poblarlo; y así fué hecho, y se hicieron para él grandes aposentos y templo del sol, y muchos depósitos y casa de fundicion; de manera que, poblado de mitimaes, Ayavire quedó más principal que ántes, y los indios que han quedado de las guerras y crueldad de los españoles, son todos mitimaes advenedizos y no naturales, por lo que se ha escripto.
Sin esto cuentan más, que habiendo ido por su mando ciertos capitanes con gente bastante á dar guerra á los de Andesuyo, que son los pueblos y comarcas questan en la montaña, toparon unas culebras tan grandes como maderos gruesos, las cuales mataban todos los que podian, tanto, que sin ver otros enemigos, hicieron ellas la guerra de tal arte, que vinieron pocos de los muchos que entraron; y que recebió enojo grande el Inca con saber tal nueva; y estando con su congoja, una hechicera le dijo que ella iria y pararia bobas y mansas las culebras susodichas, que mal á ninguno no hiciesen aunque en ellas mesmas se sentasen. Agradeciendo la obra, si conformaba con el dicho, le mandó lo pusiese en ejecucion, y lo hizo, al creer dellos y no al mio, porque parece burla; y encantadas las culebras, dieron en los enemigos, y subjetaron muchos por guerra y otros por ruego y buenas palabras que con ellos tuvieron.
El Inca salió de Ayavire, dicen que por el camino que llaman Omasuyo, el cual para su persona real fué hecho ancho y como lo vemos; y caminó por los pueblos de Oruro[180], Asillo, Azángaro, en donde tuvo algunos recuentros con los naturales; mas, tales palabras les dijo, que con ellas y con dones que les dió, los atrajo á su amistad y servicio, y dende en adelante usaron de la pulicía que usaban los demás que tenian amistad y alianza con los Incas, y hicieron sus pueblos concertados en lo llano de las vegas.
Pasando adelante Inca Yupanqui, cuentan que visito los más pueblos que confinan con la gran laguna de Titicaca, que con su buena maña los trajo todos á su servicio, poniéndose en cada pueblo del traje que usaban los naturales, cosa de gran placer para ellos y con que más se holgaban. Entró en la gran laguna de Titicaca y miró las islas que en ella se hacen, mandando hacer en la mayor de ellas templo del sol y palacios para él y sus descendientes; y puesta en su Señorío, y todo lo demás de la gran comarca del Collao, se volvió á la ciudad del Cuzco con grande triunfo; á donde mandó, luego que en ella entró, hacer grandes fiestas á su usanza, y vinieron de las más provincias á le hacer reverencia con grandes presentes; y los gobernadores y delegados suyos tenian gran cuidado de cumplir en todo su mandado.
CAP. LIII.—De cómo Inca Yupanqui salió del Cuzco, y lo que hizo.
Volaba la fama de Inca Yupanqui en tanta manera por la tierra, que en todas partes se trataba de sus grandes hechos. Muchos, sin ver bandera ni capitan suyo, le vinieron á conocer, ofreciéndosele por vasallos, afirmando con sus dichos que del cielo habian caido sus pasados, pues sabian vivir con tanto concierto y honra. Inca Yupanqui, sin perder su gravedad, les respondió mansamente que no queria hacer agravio á nacion ninguna, sino viniesen á le dar la obediencia, pues el sol lo queria y mandaba. Y como hobiese tornado á hacer llamamiento de gente, salió con toda ella á lo que llaman Condesuyo y sujetó á los Yanaguaras y á los Chumbivilcas, y con algunas provincias desta comarca de Condesuyo tuvo recias batallas; mas, aunque le dieron mucha guerra, su esfuerzo y saber fué tanto, que con daño y muerte de muchos le dieron la obediencia, tomándolo por Señor, como lo hacian los demás; y dejando puesta en órden la tierra, y hechos caciques á los naturales, y mandándoles que no hiciesen agravio ni daño á estos súbditos, se volvió al Cuzco, poniendo primero gobernadores en las partes principales, para que impusiesen á los naturales la órden que habian de tener, así para su vivienda, como para le servir y para hacer sus pueblos juntos, y tener en todo gran concierto, sin que ninguno fuese agraviado, aunque fuese de los más pobres.
Pasado esto, cuentan más, que reposó pocos dias en el Cuzco, porque quiso ir en persona á los Andes, á donde habia enviado sus adalides y escuchas para que mirasen la tierra y le avisasen del arte que estaban los moradores della; y como por su mandado estuviese todo el reino lleno de depósitos con mantenimientos, mandó que proveyesen el camino quél habia de llevar, é fué hecho así; y con los capitanes y gente de guerra salió del Cuzco, á donde dejó su gobernador para la administracion de la justicia, y atravesando las montañas y sierras nevadas, supo de sus corredores lo de adelante, y de la grande espesura de las montañas, y aunque hallaban de las culebras tan grandes que se crian en estas espesuras, no hacian daño ninguno, y espantábanse de ver cuan fieras y monstruosas eran.
Como los naturales de aquellas comarcas supieron la entrada en su tierra del Inca, como ya muchos dellos por mano de sus capitanes habian sido puestos en su servicio, le vinieron á hacer la mocha, trayéndole presentes de muchas plumas de aves y coca y de lo más que tenian en su tierra, y á todos lo agradecia mucho. Los demás indios que habitaban en aquellas montañas, los que quisieron serle vasallos, enviáronle mensajeros, los que no, desampararon sus pueblos y metiéronse con sus mujeres en la espesura de la montaña.
Inca Yupanqui tuvo gran noticia que, pasadas algunas jornadas, á la parte de Levante, habia gran tierra y muy poblada. Con esta nueva, codicioso de descubrirlo, pasó adelante; mas, siendo avisado como en el Cuzco habia sucedido cierto alboroto, y habiendo allegado é un pueblo que llaman Marcapata, revolvió con priesa grande al Cuzco, donde estuvo algunos dias.
Pasados estos, dicen los indios, que como la provincia de Collao sea tan grande y en ella hubiese en aquellos tiempos número grande de gente y señoríos de los naturales muy poderosos, como supieron que Inca Yupanqui habia entrado en la montaña de los Andes, creyendo que por allí seria muerto ó que vendria desbaratado, concertáronse todos á una, desde Vilcanota para adelante, á una parte y á otra, con muy gran secreto, de se rebelar y no estar debajo del señorío de los Incas, diciendo que era poquedad grande de todos ellos, habiendo sido libres sus padres y no dejándolos en cautiverio, sujetarse tantas tierras y tan grandes á un Señor solo. Y como todos aborreciesen el mando que sobre ellos el Inca tenia, sin les haber él hecho molestia ni mal tratamiento, ni hecho tiranías, ni demasías, como sus goberdadores y delegados no lo pudieron entender, juntos en Atuncollao y en Chucuito, donde se hallaron Cari, y Zapana, y Humalla, y el Señor de Azángaro, y otros muchos, hicieron su juramento, conforme á su ceguedad, de llevar adelante su intencion y determinacion; y para más firmeza, bebieron con un vaso[181] todos ellos juntos, y mandaron que se pusiese en un templo entre las cosas sagradas, para que fuese testigo de lo que se ha dicho; y luego mataron á los gobernadores y delegados que estaban en la provincia, y á muchos orejones que estaban entre ellos; y por todo el reino se divulgó la rebelion del Collao, y de la muerte que habian dado á los orejones; y con esta nueva intentaron novedades en algunas partes del reino, y en muchos lugares se levantaron; lo cual estorbó la órden que se tenia de los mitimaes y estar avisados los gobernadores, y sobre todo, el gran valor de Tupac Inca Yupanqui, que reinó desde este tiempo, como diré.