Los Chancas, como vieron el mandado del Inca, vinieron luego al Cuzco, y como llegaron, el Inca les habló con gran disimulacion amorosamente, encubriendo la maldad que se usó con el capitan Ancoallo, y daba por sus palabras muestras de habelle dello pesado. Los Chancas, como lo entendieron, no dejaron de sentir el afrenta, mas, viendo cuán poca parte eran para satisfacerse, pasaron por ello, pidiendo licencia á Inca Yupanqui para volver á su provincia; y siéndoles concedido, se partieron, dándole privilegio al señor principal para que se pudiese sentar en el duho[167] engastonado en oro, y otras preminencias.

Y entendió el Inca en acrescentar el templo de Curicancha con grandes riquezas, como ya está escripto. Y como el Cuzco tuviese por todas partes muchas provincias, dió algunas á este templo, y mandó poner las postas, y que hablasen una lengua todos los súditos suyos, y que fuesen hechos los caminos reales, y los mitimaes; y otras cosas inventó este rey, de quien dicen que entendia mucho de las estrellas y que tenia cuenta con el movimiento del sol; y así tomó él por sobrenombre Inca Yupanqui, que es nombre de cuenta y de mucho entender. Y como se hallase tan poderoso, no embargante que en el Cuzco habia grandes edificios y casas reales, mandó hacer tres cercados de muralla excelentísima y dina la obra de memoria, y tal paresce hoy dia, que ninguno la verá que no alabe el edificio y conozca ser grande el ingenio de los maestros que la inventaron. Cada cercado destos tiene más de trescientos pasos: al uno llaman Pucamarca, y al otro Hátun Cancha, y al tercero Cassana[168]; y es de piedra excelente y puesta tan por nivel, que no hay en cosa desproporcion, y tan bien asentadas las piedras y tan pegadas, que no se divisará la juntura dellas. Y están tan fuertes y tan enteros los más destos edificios, que si no los deshacen, como han hecho otros muchos, vivirán muchas edades.

Dentro destas cercas ó murallas habia aposentos como los demás quellos usaban, donde estaban cantidad de mamaconas y otras muchas mujeres y mancebas de los reyes, y hilaban y tejian de la su tan fina ropa, y habia muchas piezas de oro y de plata y vasijas destos metales. Muchas destas piedras vi yo en algunas destas cercas, y me espanté cómo, siendo tan grandes, estaban tan primamente puestas.—Cuando hacian los bailes y fiestas grandes en el Cuzco, era hecha mucha de su chicha por las mujeres dichas y bebíanla.—Y como de tantas partes acudiesen al Cuzco, mandó poner veedores para que no saliese sin su licencia ningun oro ni plata de lo que entrase, y pusiéronse gobernadores por las mesmas partes del reino, y á todos gobernaba con gran justicia y órden. Y porque en este tiempo mandó hacer la fortaleza del Cuzco, diré algo della, pues es tan justo.

CAP. LI.—De cómo fundó la casa real del sol en un collado que por encima del Cuzco está, á la parte del Norte, que los españoles comunmente llaman la Fortaleza, y de su admirable edificio y grandeza de piedras que en él se ven.

La ciudad del Cuzco está edificada en valle, ladera y collados, como se escribe en la primera parte desta historia[169], y de los mesmos edificios salen unas formas de paredes anchas, en donde hacen sus sementeras, y por compás salian unas de otras, que parescian cercas, de manera que todo estaba destos andenes, que hacia más fuerte la ciudad, aunque por natura lo es su sitio; y así, lo escogieron los Señores della entre tanta tierra. Y como ya se fuese haciendo poderoso el mando de los reyes, é Inca Yupanqui tuviese los pensamientos tan grandes, no embargante que tanto por él habia sido ilustrado y enriquecido el templo del sol, llamado Curicancha, é hobiese hecho otros grandes edificios, determinó que se hiciese otra casa del sol que sobrepujase el edificio á lo hecho hasta allí, y que en ella se pusiesen todas las cosas que pudiesen haber, así oro como plata, piedras ricas, ropa fina, armas de todas las que ellos usaban, municion de guerra, alpargates, rodelas, plumas, cueros de animales y los de aves, coca, sacas de lana, joyas de mill géneros; en conclusion, habia todo aquello de que ellos podian tener noticia. Y esta obra se comenzó tan soberbia, que si hasta hoy durara su monarquía, no estuviera acabada.

Mandóse que viniesen de las provincias que señalaron veinte mill hombres, y que los pueblos le enviasen bastimento necesario, y si alguno adolesciese, entrando en su lugar otro, se volviese á su naturaleza, aunque estos indios no residian siempre en la obra sino tiempo limitado, y viniendo otros, salian ellos, por donde sentian poco el trabajo. Los cuatro mill destos quebrantaban las piedras y sacaban las piedras; los seis mill las andaban trayendo con grandes maromas de cueros y de cabuya[170]; los otros estaban abriendo la zanja y abriendo los cimientos, yendo algunos á cortar horcones y vigas para el enmaderamiento. Y para estar á su placer, estas gentes hicieron su alojamiento cada parcialidad por sí, junto á donde se habia de hacer el edificio.—Hoy dia parecen las más de las paredes de las casas que tuvieron.—Andaban veedores mirando como se hacian, y maestros grandes y de mucho primor; y así, en un cerro que está á la parte del Norte de la ciudad, en lo más alto della, poco más que un tiro de arcabuz, se fabricó esta fuerza que los naturales llamaron Casa del Sol, y los nuestros nombran la Fortaleza.

Cavóse en peña viva para el fundamento y armar el cimiento, el cual se hizo tan fuerte, que durará mientras hobiere mundo. Tenia, á mi parecer, de largo trescientos y treinta pasos, y de ancho doscientos. Tenia muchas cercas tan fuertes, que no ay artillería que baste á romperlas. La puerta principal era de ver cuán primamente estaba y cuán concertadas las murallas para una no salir del compás de la otra; y en estas cercas se ven piedras tan grandes y soberbias, que cansa el juicio considerar cómo se pudieron traer y poner y quién bastó á labrallas, pues entre ellos se ven tan pocas herramientas. Algunas destas piedras son anchas como doce piés y más largas que veinte, y otras más gruesas que un buey, y todas asentadas tan delicadamente, que entre una y otra no podrán meter un real.—Yo fuí á ver este edificio dos veces: la una fué conmigo Tomas Vázquez, conquistador, y la otra Hernando de Guzman, que se halló en el cerco[171], y Juan de la Playa[172]; y creed los que esto leyerdes, que no os cuento nada para lo que ví. Y andándolo notando, ví junto á esta fortaleza una piedra que la medí y tenía doscientos y setenta palmos de los mios de redondo, y tan alta, que parescia que habia nacido allí, y todos los indios dicen que se cansó esta piedra en aquel lugar, y que no la pudieron mover más de allí[173]; y cierto, si en ella misma no se viese haber sido labrada, yo no creyera, aunque más me lo afirmaran, que fuerza de hombres bastara á la poner allí, adonde estará para testimonio de lo que fueron los inventores de obra tan grande, pues los españoles lo han ya desbaratado y parado tal, cual yo no quisiera ver la culpa grande de los que han gobernado en lo haber permitido, y que una cosa tan insigne se hobiese desbaratado y derribado, sin mirar los tiempos y sucesos que pueden venir y que fuera mejor tenerla en pié y con guarda[174].

Habia muchos aposentos en esta fuerza, uno encima de otros, pequeños, y otros entre suelos, grandes; y hacíanse dos cubos, el uno mayor que otro, anchos y tan bien sacados, que no sé cómo lo encarecer, segun están primos y las piedras tan bien puestas y labradas; y debajo de tierra dicen que hay mayores edificios. Y cuentan otras cosas, que no escribo, por no las tener por ciertas. Comenzóse á hacer esta fuerza en tiempo de Inca Yupanqui; labró mucho su hijo Tupac Inca y Guayna Capac y Guascar, y aunque ahora es cosa de ver, lo era mucho más sin comparacion. Cuando los españoles entraron en el Cuzco, sacaron los indios de Quizquiz gran tesoro della, y los españoles aún hallaron[175] alguno, y se cree que hay á la redonda della mayor número de lo uno y lo otro. Lo que desta fortaleza y la de Guarco ha quedado seria justo mandar conservar[176] para memoria de la grandeza desta tierra y aun para tener en ellas tales dos fuerzas, pues á tan poca costa se las hallan hechas. Y con tanto, volveré á la materia.

CAP. LII.—De cómo Inca Yupanqui salió del Cuzco hácia el Collao y lo que le sucedió.

Como estos indios no tienen letras ni cuentan sus cosas sino por la memoria que dellas queda de edad en edad y de sus cantares y quipos, digo esto, porque en muchas cosas varían, diciendo unos uno y otros otro, y no bastara juicio humano á escrebir lo escripto, sino tomara destos dichos lo que ellos mismos decian ser más cierto, para lo contar. Esto apunto para los españoles questán en el Perú que presumen de saber muchos secretos destos, que entiendan que supe yo y entendí lo que ellos piensan que saben y entienden y mucho más, y que de todo convino escribirse lo que verán, y que pasé el trabajo en ello que ellos mismos saben.