En el edificio de la fortaleza se entendia, sin dejar de labrar dia ninguno los para ello señalados. En la plaza del Cuzco se puso la grand maroma de oro, y se hicieron grandes bailes y borracheras, y, junto á la piedra de la guerra, se nombraron capitanes y mandones, conforme á su costumbre; y ordenándoles, hizo un parlamento Guayna Capac, bien ordenado y dicho con palabras vehementes, sobre que le fuesen leales así los que iban con él, como los que quedaban. Respondieron que de su servicio no se partirian, el cual dicho loó y dió esperanzas de les hacer mercedes largas. Y estando aparejado lo que para la jornada era menester, salió del Cuzco con toda la gente de guerra que se habia juntado, y por un camino grande, tan soberbio como hoy dia paresce, pues todos los de acá lo vemos y andamos por él, anduvo hácia el Collao, mostrando por las provincias donde pasaba tener en poco los grandes servicios que le hacian; porque dicen que decia que á los Incas todo se les debia. Entendia en saber lo que le daban de tributo, y la posibilidad de la provincia; recogió muchas mujeres, las más hermosas que se podian hallar; dellas tomaba para sí, y otras daba á sus capitanes y privados; las demás eran puestas en el templo del sol y allí guardadas.
Entrando en el Collao, le trajeron cuenta de las grandes manadas que tenia de ganados, y cuántas mill cargas de lana fina se llevaban por año á los que hacian la ropa para su casa y servicio. En la isla de Titicaca entró y mandó hacer grandes sacrificios. En Chuquiabo[194], mandó que estuviesen indios estantes con sus veedores á sacar metal de oro con la órden y regimiento que se ha escripto. Pasando adelante, mandó que los Charcas y otras naciones hasta los Chichas, sacasen cantidad grande de pastas de plata, que se llevasen al Cuzco por su cuenta, sin que nada faltase; trasportó algunos mitimaes de una parte en otra, aunque habia dias que estaban alojados; mandaba que todos trabajasen y ninguno holgase, porque decia que la tierra donde habia holgazanes, no pensaban otra cosa sinó cómo buscar escándalos y corromper la honestidad de las mujeres. Por donde pasaba, mandaba edificar tambos y plazas, dando con su mano la traza; repartió los términos á muchas provincias y límite conocido, para que, por aventajallo, no viniesen á las manos. Su gente de guerra, aunque era tanta, iba tan corregida, que no salia de los reales un paso; por donde pasaban, los naturales proveian de lo necesario tan cumplidamente, que era más lo que sobraba que lo que se gastaba. En algunos lugares edificaron baños, y en otros cotos, y por los desiertos se hicieron grandes casas. Por todas partes quel Inca pasaba, dejaba hechas tales cosas, que es admiracion contarlas. Al que erraba castigaba sin dejar pasar por alto nada, y gratificaba á quien bien le servia.
Ordenado estas cosas y otras, pasó de las provincias subjetas agora á la Villa de la Plata, y por lo de Tucuman[195] envió capitanes con gente de guerra á los Chiriguanaes; mas no les fue bien, porque volvieron huyendo. Por otra parte, hácia la mar del Sur, envió más gente con otros capitanes, á que señoreasen los valles y pueblos que del todo su padre no pudo conquistar. El fué caminando con toda su gente hácia Chile, acabando de domar, por donde pasaba, las gentes que habia. Pasó gran trabajo por los despoblados, y fué mucha la nieve que sobre ellos cayó; llevaban toldos con que se guarescer y muchos yanaconas y mujeres de servicio. Por todas estas nieves se iba haciendo el camino, ó ya estaba hecho, y bien limpio, y postas puestas por él.
Allegó á lo que llamaban Chile, á donde estuvo más de un año entendiendo en refrenar aquellas naciones y asentarlas de todo punto; mandó que le sacasen la cantidad que señaló de tejuelos de oro; y los mitimaes fueron puestos, y trasportadas muchas gentes de aquellas de Chile de unas partes en otras. Hizo, en algunos lugares, fuertes y cercas á su uso, que llaman pucaraes, para la guerra que con algunos tuvo. Anduvo mucho más por la tierra que su padre, hasta que dijo que habia visto el fin della, y mandó hacer memorias por muchos lugares para que en lo futuro se entendiese su grandeza, y formas de hombres crecidos[196].
Puesto en razon lo de Chile, y hecho lo que convino, puso sus delegados y gobernadores, y mandó que siempre avisasen en la córte del Cuzco lo que pasara en aquella provincia. Encargóles que hiciesen justicia y que no consintiesen motin ni alboroto que no matasen los movedores sin dar la vida á ninguno.
Volvió al Cuzco, á donde fué recebido de la ciudad honradamente y los sacerdotes del templo de Curicancha le dieron muchas bendiciones, y él alegró al pueblo con grandes fiestas que se hicieron. Y nacíanle muchos hijos, los cuales criaban sus madres, entre los cuales nació Atahuallpa, segund la opinion de todos los indios del Cuzco, que dicen ser así, y llamábase su madre Tuta Palla, natural de Quillaco, aunque otros dicen ser del linaje de los Orencuzcos; y siempre, desde que se crió, anduvo Atahuallpa con su padre, y era de más edad que Guascar.
CAP. LXIII.—De cómo el rey Guayna Capac tornó á mandar hacer llamamiento de gente, y cómo salió para lo de Quito.
Como Guayna Capac se hobiese holgado algunos meses en el Cuzco, y en él se hobiesen juntado los sacerdotes de los templos y adivinos de los oráculos, mandó hacer sacrificios, y la ofrenda de la capacocha se hizo bien grande y rica, y volvieron bien llenos de oro los burladores de los hechiceros. A cada uno daban respuesta como les parescia que el rey sería más contento. Lo cual con otras cosas pasado, mandó Guayna Capac que se entendiese en hacer un camino más real, mayor y más ancho que por donde fué su padre, que llegase hasta Quito, á donde tenia pensado de ir; y que los aposentos ordinarios y depósitos de las postas se pasasen á él. Para que por todas las tierras se supiese ser esto su voluntad, salieron correos á lo avisar, y luego fueron orejones á lo mandar cumplir, y se hizo un camino el más soberbio y de ver que hay en el mundo, y más largo, porque salia del Cuzco y allegaba á Quito y se juntaba con el que iba á Chile. Igual á él, creo yo que desde que hay memoria de gente, no se ha leido de tanta grandeza como tuvo este camino, hecho por valles hondos y por sierras altas, por montes de nieve, por tremedales de agua y por peña viva y junto á rios furiosos; por estas partes iba llano y empedrado, por las laderas bien sacado, por las sierras deshechado, por las peñas socavado, por junto á los rios sus paredes, entre nieves con escalones y descansos; por todas partes limpio, barrido, descombrado, lleno de aposentos, de depósitos de tesoros, de templos del sol, de postas que habia en este camino. ¡Oh! ¿Qué grandeza se puede decir de Alexandre, ni de ninguno de los poderosos reyes que el mundo mandaron que tal camino hiciesen, ni inventasen el proveimiento que en él habia? No fué nada la calzada que los romanos hicieron, que pasa por España, ni los otros que leemos, para que con este se comparen. Y hízose hasta en más poco tiempo de lo que se puede imaginar; porque los Incas, más tardaban ellos en mandarlo, que sus gentes en ponerlo por obra.
Hízose llamamiento general en todas las provincias de su señorío, y vinieron de todas partes tantas gentes, que hinchian los campos; y despues de haber hecho banquetes y borracheras generales, y puesto en órden las cosas de la ciudad, salió della Guayna Capac con iscaypachaguaranga runas, que quiere decir, con "doscientos mill hombres de guerra," sin los yanaconas y mujeres de servicio, que no tenia cuento el número dellos. Llevaba consigo dos mill mujeres y dejaba en el Cuzco más de cuatro mill.
Habian proveido los delegados y gobernadores que asistian en las cabeceras de las provincias, que de todas las partes acudiesen [con] bastimentos y armas, y todo lo demás que siempre se recogia y guardaba para cuando se hacia guerra; y así hincheron todos los grandes aposentos y depósitos de todo ello, de manera, que de cuatro á cuatro leguas, que era la jornada, estaba entendido que se habia de hallar proveimiento para toda esta multitud de gente, sin que faltase, sino que sobrase más de lo que ellos gastasen y las mujeres, y muchachos y hombres que servian personalmente de lo que les era mandado, y que llevaban el repuesto del Inca y el bagaje de la gente de guerra de un tambo á otro, donde estaba el proveimiento que en el pasado.