CAP. LXXII.—De cómo Atahuallpa salió del Quito con su gente y capitanes, y de cómo dió batalla á Atoco en los pueblos de Ambato.
Como las postas que estaban en los caminos reales fuesen tantas, no pasaba cosa en parte del reino que fuese oculta, ántes era pública por todo el lugar; y como se entendió Atahuallpa haberse escapado por tal ventura y estar en Quito allegando la gente, luego se conoció que la guerra seria cierta, y así, hobo division y parcialidades y novedades grandes y pensamientos enderezados á mal fin. Guascar, en lo de arriba, no tuvo quien no le obedeciese y desease que saliese del negocio con honra y autoridad. Atahuallpa tuvo de su parte los capitanes y gente del ejército, y muchos señores naturales y mitimaes de las provincias y tierras de aquella comarca; y cuentan que luego en Quito, con celeridad mandó salir la gente, jurando, como ellos juran, que en los Cañares habia de hacer castigo grande, por el afrenta que allí recibió. Y como supiese venir Atoco con su gente, que pasaria, á lo que dicen, de cuarenta guarangas, que eran millares de hombres, se dió priesa á se encontrar con él.
Atoco venia marchando porque Atahuallpa no tuviese lugar de hacer llamamiento de gente en las provincias, y como supo que venia á punto de guerra, habló con los suyos, rogándoles que se acordasen de la honra del Inca Guascar, y que se diesen maña á castigar la desvergüenza con que Atahuallpa venia; y por justificar su causa, envióle, segun dicen, ciertos indios por mensajeros, amonestándole que se contentasen con lo que habia hecho y no diese lugar á que el reino se encendiese en guerra, y se conformase con el Inca Guascar, que seria lo más acertado. Y aunque eran principales orejones estos mensajeros, cuentan que se rió del dicho que Atoco le enviaba á decir, y que, haciendo grandes fieros y amenazas, los mandó matar, y prosiguió su camino en ricas andas que le llevaban á hombros de los principales y más privados suyos.
Cuentan que encomendó la guerra á su capitan general Calicuchima y á otros dos capitanes, llamados el Quizquiz, y el otro Ucumari; y como Atoco no parase con la gente, pudieron encontrarse cerca del pueblo llamado Ambato, á donde, á la usanza del pueblo, comenzaron la batalla y la riñeron entre ellos bien; y habiendo tomado un collado Calicuchima, salió á tiempo convenible con cinco mill hombres holgados, y dando en los que estaban cansados, los apretaron tanto, que despues de muertos los más dellos, volvieron, los que no [lo] eran, las espaldas con gran espanto, y el alcance se siguió y fueron muchos los presos y el Atoco entre ellos. Lo cual, cuentan los que desto me informaron, que lo ataron á un palo, donde con gran crueldad ocultadamente lo mataron, y que del casco de su cabeza hizo un vaso Calicuchima, para beber, engastonado en oro. La opinion mayor y que debe ser más cierta, á mi juicio, de los que murieron en esta batalla de ambas partes, fueron quince ó diez y seis mill indios; y los que se prendieron, fueron los más dellos muertos sin piedad ninguna, por mandado de Atahuallpa.—Yo he pasado por este pueblo y he visto el lugar donde dicen questa batalla se dió; y, cierto, segun hay la osamenta, debieron aún de morir más gente de la que cuentan.
Con esta victoria quedó Atahuallpa muy estimado, y fué la nueva divulgada por todo el reino, y llamáronle, los que seguian su opinion, Inca, y dijo que habia de tomar la borla en Tomebamba, aunque, no siendo en el Cuzco, teníase por cosa fabulosa y sin fuerza. De los heridos mandó curar; y mandaba como rey, y así era servido; y caminó para Tomebamba.
CAP. LXXIII.—De cómo Guascar envió de nuevo capitanes y gente contra su enemigo, y de cómo Atahuallpa llegó á Tomebamba, y la gran crueldad que allí usó, y lo que pasó entre él y los capitanes de Guascar.
Pocos dias se tardaron despues que en el pueblo de Ambato el capitan Atoco fué vencido y desbaratado, cuando, no solamente en el Cuzco se supo la nueva, mas en toda la tierra se extendió, y recibió Guascar grande espanto y temió más el negocio que hasta allí. Mas, sus consejeros le amonestaron que no desmamparase al Cuzco, sino que enviase de nuevo gentes y capitanes. Y fueron hechos grandes lloros por los muertos, y en los templos y oráculos hicieron sacrificios conforme á lo que ellos usan; y envió á llamar Guascar muchos señores de los naturales del Collao, de los Canches, Cañas, Charcas, Carangas, y á los de Condesuyo, y muchos de los de Chinchasuyo; y como estuviesen juntos, les habló lo que su hermano hacia y les pidió en todo le quisiesen ser buenos amigos y compañeros. Respondieron á su gusto los que se hallaron á la plática, porque guardaban mucho la religion y costumbre de no recebir por Inca sinó aquel que en el Cuzco tomase la borla, la cual habia dias Guascar tenia, y sabia el reino le venia derechamente. Y porque convenia con brevedad proveer en la guerra que tenia, nombró por capitan general á Guanca Auqui, hermano suyo, segun dicen algunos orejones, porque otros quieren decir ser hijo de Ilaquito. Con éste envió por capitanes otros principales de su nacion que habian por nombre Ahuapanti[230], Urco Guaranca é Inca Roca. Estos salieron del Cuzco con la gente que se pudo juntar, yendo con ellos muchos señores de los naturales, y de los mitimaes, y por donde quiera que pasaba Guanca Auqui, sacaba la gente que quería con lo más que era necesario para la guerra; y caminó á mas andar en busca de Atahuallpa, que, como hobiese muerto y vencido á Atoco, como de suso es dicho, siguió su camino endrezado á Tomebamba, yendo con él sus capitanes y muchos principales que habian venido á ganalle la voluntad, viendo que iba vencedor. Los Cañares estaban temerosos de Atahuallpa, porque habian tenido en poco lo que les mandó y habian sido en la prision suya; recelaban no quisiese hacelles algun daño, porque lo conocian que era vengativo y muy sanguinario; y como llegase cerca de los aposentos principales, cuentan muchos indios á quien yo lo oí, que por amansar su ira, mandaron á un escuadron grande de niños y á otro de hombres de toda edad que saliesen hasta las ricas andas, donde venia con gran pompa, llevando en las manos ramos verdes y hojas de palma, y que le pidiesen la gracia y amistad suya para el pueblo, sin mirar injuria pasada; y que con tantos clamores se lo suplicaron y con tanta humildad, que bastara á quebrantar corazones de piedra. Mas, poca impresion hicieron en el cruel de Atahuallpa, porque dicen que mandó á sus capitanes y gente que matasen á todos aquellos que habian venido, lo cual fué hecho, no perdonando sino era algunos niños y á las mujeres sagradas del templo, que por honra del sol, su dios, guardaron sin derramar sangre dellas ninguna.
Y pasado esto, mandó matar algunos particulares en la provincia, y puso en ella capitan é mayordomo de su mano, y juntos los ricos de la comarca, tomó la borla y llamóse Inca en Tomebamba, aunque no tenia fuerza, como se ha dicho, por no ser en el Cuzco; mas, él tenia su drecho en las armas, lo cual tenia por buena ley. Tambien digo que he oido [á] algunos indios honrados, que Atahuallpa tomó la borla en Tomebamba ántes que le prendiesen ni Atoco saliese del Cuzco, y que Guascar lo supo y proveyó luego. Parésceme que lo que se ha escripto lleva más camino.
Guanca Auqui dábase mucha priesa [á] andar, y quisiera llegar á los Cañares ántes que Atahuallpa pudiera hacer el daño que hizo. Y alguna de la gente que escapó de la batalla que se dió en Ambato, se habian juntado con él. Afirman todos que traeria más de ochenta mill hombres de guerra, y Atahuallpa llevaria pocos ménos de Tomebamba; á donde luego salió, afirmando que no habia de parar hasta el Cuzco. Mas, en la provincia de los Paltas, cerca de Caxabamba, se encontraron unos con otros, y despues de haber esforzado y hablado cada capitan á su gente, se dieron batalla; en la cual afirman que Atahuallpa no se halló, ántes se puso en un cerrillo á la ver; y siendo Dios dello servido, no embargante que en la gente de Guascar habia muchos orejones y capitanes que para ellos entendian bien la guerra, y que Guanca Auqui hizo el deber como leal y buen servidor á su rey, Atahuallpa quedó vencedor con muerte de muchos contrarios, tanto, que afirman que murieron entre unos y otros más de treinta y cinco mill hombres, y heridos quedaron muchos.
Los enemigos siguieron el alcance, matando y cautivando y robando los reales; y Atahuallpa estaba tan alegre, que él decia que sus dioses peleaban por él. Y porque ya los españoles habian entrado en este reino habia algunos dias, y Atahuallpa lo supo, fué causa que él en persona no fuese al Cuzco.