Embarcáronse por fin á 5 de Diciembre de 1745, y el lúnes 6 á las diez horas de dia, habiendo disparado la pieza de leva, se hicieron á la vela en nombre de Dios, con viento fresco, y salieron á ponerse en franquía en el amarradero, que dista tres leguas de Buenos Aires. De allí salieron martes, á las nueve y media de la mañana, y con distar Montevideo solas cincuenta leguas de Buenos Aires, no pudieron tomar su puerto hasta el lúnes 13, que á las once y media del dia dieron fondo en medio de su ensenada. Allí, entre la gente de aquel presidio, se eligieron los veinte y cinco soldados, que se habian de embarcar, á cargo del alferez D. Salvador Martin de Olmo: porque, aunque deseaba el Señor Gobernador de Buenos Aires, que fuese mayor el número de los soldados, y habia otros muchos que se ofrecian voluntariamente á esta expedicion, no fué posible aumentar el número, por no permitirlo el buque del navichuelo. El comandante de Montevideo, D. Domingo Santos Uriarte, vizcaino, egecutó cuanto estuvo de su parte para el avio de la gente y de los misioneros, con la presteza posible. Con que el dia 16 de Diciembre estuvo el navio ya pronto á salir; pero por calmar el nord-nord-este, y soplar el sud-este, no se pudieron hacer á la vela hasta el viernes 17 á las cuatro y media de la mañana, con nord-nord-este y norte.
La niebla densa casi no les permitia descubrir la tierra, y no se adelgazó hasta las seis y media de la tarde, pasando sin ver la isla de Flores. Domingo 19 dieron fondo á vista de la isla de Lobos, que les quedó al nor-nord-este, á tres leguas de distancia. Tiene esta isla de largo tres cuartos de legua, y corre este-sud-este, oeste-nord-este: al este-sud-este sale un arrecife con algunas piedras que conviene evitar. Este domingo, haciendo una plática el padre Matias Strobl, se dió principio por nuestros misioneros á la novena de San Francisco Javier, escogiéndole de parecer comun, por patron del viage. Asistian todos al santo sacrificio de la misa, que se decia una todos los dias cuando el tiempo lo permitia, y en los dias festivos dos. Se rezaba de comunidad el rosario de Nuestra Señora, y en la novena se añadió leccion espiritual todos los dias y pláticas, para disponer la gente á que se confesasen y comulgasen, como lo hicieron al fin de ella todos con mucha piedad. Para desterrar la costumbre de jurar, que suele reinar entre soldados y marineros, se impuso pena, á que todos se obligaron, de quien quiera que faltase, hubiese luego de besar el suelo, diciéndole los presentes: Viva Jesus, bese el suelo. De esta manera, en devocion y conformidad cristiana, se prosiguió la navegacion; y hallándose el martes 21, en 35 grados, 11 minutos de latitud austral, varió la brújula al norte 17 grados.
El domingo 26, en altura de 38 grados y 34 minutos, padecieron una turbonada de agua menuda, y el este-sud-este que soplaba, levantaba alguna marejada: y el lúnes siguiente 27, en altura de 38 grados y 36 minutos, sintieron extraordinario frio. Martes 28, en 39 grados, 9 minutos de latitud, y por estima, en 323 y 57 minutos de longitud, hallaron despues de medio dia, 52 brazas de fondo de arena menuda y parda: vieron algunas ballenas, y á puestas de sol observaron que la brújula tenia de variacion al nord-este 17 grados y 30 minutos. El miércoles, en dia claro y sereno, en bonanza, experimentaron mas frio del que en esta estacion hace en Europa, hallándose en 40 grados, 56 minutos de latitud, y en 322 y 17 minutos de longitud. Miércoles á 5 de Enero de este presente año de 1746, á las diez del dia descubrieron la tierra del Cabo Blanco, al sur-sud-este, y la costa de la banda del norte, que forma una grande playa á modo de ensenada, en donde pueden dar fondo los navios al abrigo de la tierra, que es alta y rasa, como la del Cabo de San Vicente, y tiene la punta un farillon ó mogote, que se parece al casco de un navio. Hay á la punta una baja en que lava el mar. En distancia de cinco leguas de dicho Cabo Blanco le marcó el padre Quiroga al sud-este, un cuarto al sur, y observó 46 grados y 48 minutos de latitud, y por consiguiente viene á estar puntualmente dicho cabo en 47 grados: lo cual conviene notar, por no equivocarlo con otra punta que está al nord-este, y tambien es tierra alta, rasa, y que forma hácia el mar una barranca llena de barreras blancas. La longitud del Cabo Blanco, segun la cuenta de la derrota, son 313 grados y 30 minutos. Observóse en todo lo que se navegó de esta costa, que el escandal se lava, y no saca señal de fondo, sino es de mucho peso. En la punta de Cabo Blanco está asido un peñon partido; y mas al sur de este peñon hay una punta de tierra baja, y luego corre la costa nord-sur del mundo, y hace una ensenada muy grande, que corre hasta la entrada del Puerto Deseado.
Jueves 6 de Enero, amanecieron al sur del Cabo Blanco, á cuatro leguas de la costa, teniendo por proa la isla grande que hay antes de entrar en el Puerto Deseado, á la cual llaman algunos Isla de los Reyes, y nuestros navegantes le confirmaron este nombre, por haberla descubierto este dia de la Epifania. La tierra, que está en esta ensenada, entre Cabo Blanco y Puerto Deseado, es bastantemente alta, con algunas quebradas, y en ellas matorrales de árboles pequeños, como espiños y sabinas. Entraron á dicho puerto por la banda del norte de dicha isla, acercándose á la boca del puerto, que es bien conocida, por una isleta que está fuera y blanquea como nieve. A la banda del sur, cerca de la entrada, hay un mogote alto, con una peña en lo alto, que parece tronco de árbol cortado, y hace horqueta. En los dos lados de la boca hay peñas altas cortadas, de las cuales, la que está en la parte septentrional, mirada de una legua ó dos, mar adentro, parece un castillo. Esta tarde saltaron en tierra, al ponerse el sol, el Padre José Cardiel y los dos pilotos, con alguna gente de la tripulacion, y vieron que la marea comenzaba á subir á las siete de la tarde. En la orilla hallaron algunos lagunajos pequeños, cuya superficie estaba cuajada en sal, como lo grueso de un real de plata, y no se encontró mas sal en los dias siguientes.
El viernes 7, comenzó á subir la marea á las 7 y 15 minutes de la mañana. A las nueve volvió á subir á tierra el Padre Cardiel con el alferez D. Salvador Martinez y 16 soldados de escolta, á ver si encontraban indios tierra adentro. A la misma hora entraron en la lancha armada el capitan del navio D. Joaquin de Olivares, los dos pilotos, el Padre superior Matias Strobl, el Padre Quiroga, el cabo de escuadra y algunos soldados, á registrar por agua el fin del puerto, y ver tambien si hallaban indios. Navegaron al oeste, costeando por el sur la isla de las Pinguinas, y sondando el canal hasta la isla de los Pájaros. Entraron por entre la isla y tierra firme, y registraron un caño pequeño muy abrigado que parece rio. Saltaron en tierra, y subieron á lo alto de los cerros á reconocer la tierra que es toda seca y quebrada, llena de lomas y peñasquerias de piedra del cal, sin arboleda alguna: solamente hay en los valles leña para quemar de espinos, sabinas y otros arbolitos muy pequeños, y de este jaez es toda la costa ó banda septentrional de este puerto. Desde la isla de los Pájaros, que hace abrigo á una ensenadilla muy segura, para invernar cualesquiera embarcaciones, pasaron á otra ensenada mas al oeste, en frente de la isla de los Reyes, en la misma costa septentrional: buscaron allí agua, y solamente hallaron en un valle un pozo antiguo de agua salobre, que, segun se tiene entendido, fué la única que hallaron en este puerto los holandeses. Desde aquí se volvieron al navio.
El Padre Cardiel, y los que fueron por tierra, subieron á una alta sierra, en cuya cumbre encontraron un monton de piedras, que desenvueltas, hallaron huesos de hombre allí enterrados, ya casi del todo podridos, y pedazos de ollas enterradas con el cuerpo. El hombre mostraba ser de estatura ordinaria, y no tan grande, que tuviese diez ú once pies de largo, como los pinta Jacobo Lemaire. Despues de muy cansados de caminar, no hallaron huella ó rastro de hombres, ni bosque, ni leña, sino tal cual matorral; ni agua dulce, ni tierra fructífera sino peñascos, cuestas, quebradas y despeñaderos, que les dieron copiosa materia de paciencia: y si no les hubiera deparado Dios algunos pozitos de agua en las concavidades de las peñas, por haber llovido un poco el dia antes, no saben como hubieran podido volver al puerto. Desde los altos no descubrieron por muchas leguas mejores calidades de terruño que las dichas. Tampoco se encontró pasto, ni cosa á propósito para habitacion humana, ni aun brutos, ni aves; sino solamente rastro de uno ú otro guanaco, y tal cual pájaro: y la tarde de este dia pareció en la costa del sur, en frente del navio, un perro manso aullando, y haciendo extremos por venir al navio, y se discurrió seria de algun buque perdido en esta costa. Al anochecer, llegaron los de tierra al navio, y poco despues los de la lancha.
El sábado 8 de Enero, salió á las nueve el Padre Cardiel, con la misma comitiva, á registrar la tierra por la parte opuesta, que es la del sur de este Puerto Deseado; y casi á la propia hora, los mismos de la lancha del dia antecedente, con bastimentos para cuatro dias, por registrar y demarcar todo este puerto. Navegaron al oeste, hasta la punta oriental de una isla, á la cual llamaron la isla de Olivares por respecto al capitan de este navio: y habiendo entrado por un caño estrecho, que divide á esa isla de la tierra firme, salieron con bastante trabajo á una ensenada pequeña que hace cerca de la punta occidental, sin poder pasar adelante este dia, por haber quedado en seco la lancha, con la baja marea. Desde un peñasco, en lo mas alto de la isla, descubrió el Padre Quiroga, que la canal de este puerto corria algunas leguas al oeste sud-oeste. Tambien el mismo, y los dos pilotos, marcaron la isla de los Reyes, y la isla de las Peñas, que está en la costa septentrional. En la isla de Olivares hallaron algunas liebres y avestruces, y mármoles de varios colores. La tierra es árida, y falta de agua dulce. En la punta occidental de dicha isla hay mucho marisco: y los marineros hallaron en algunas conchas tal cual perla pequeña y basta.
Domingo 9, volvió el capitan Olivares, el padre Quiroga y los demas, á registrar la costa del sur, navegando al oeste sud-oeste, y tambien la del norte, para ver si podian hallar agua. Hallaron á las diez del dia, en la costa del sur, un arroyuelo que baja de una fuente bastantemente caudalosa, que está en lo alto de la quebrada de un cerro, y dista cinco leguas del puerto. Es de agua dulce, pero algo pesada, como agua de pozo. Está en sitio acomodado para llegar cualquier lancha á cargar en plea mar en el mismo arroyuelo que baja de la fuente. Púsole por nombre la Fuente de Ramirez, por haber saltado en tierra á reconocerla el segundo piloto, D. Basilio Ramirez. La tierra es toda estéril, y llena de peñasqueria, ni se hallan árboles en cuanto alcanza la vista.
Lúnes 10, prosiguieron navegando por la misma canal al oeste sud-oeste, hasta una isla toda llena de peñascos, que llamaron la Isla de Roldan, y puestos norte-sur con dicha isla, comenzaron á hallar poco fondo de cuatro brazas, de tres, de dos y de una, hasta que vieron tenia fin la canal en un cenagal de mucha lama. A la misma hora se volvieron al navio, á que abordaron á las cinco de la tarde: el Padre Cardiel y los de tierra caminaron bien todo el dia 8, y hallaron no ser la tierra tan áspera como la otra, pero sin leña, ni pastos, ni muestras de substancia. A distancia como de dos millas dieron con un manantial de agua potable, aunque algo salobre: por donde corria, habia algo de heno verde, y no lejos de allí vieron once guanacos. Tambien recogieron á bordo del navio el perro que se vió en la playa, lleno de heridas, y los dientes gastados de comer marisco.
Lo que se puede decir de este Puerto Deseado es que, como puerto, se puede contar entre los mejores del mundo. Ojalá que correspondiera la tierra; pero es árida, y falta de todo lo necesario para poblacion. No hay árboles que puedan servir para madera: solamente se halla en las quebradas alguna leña menuda para hornos y para guisar la comida. No es el terruño bueno para sementeras, porque ademas de ser todo salitroso, es casi todo peña viva; ni hay mas agua dulce que las fuentes dichas. Hállase sí abundancia de barrilla, para hacer vidrio y jabon: abundancia de marmol colorado, con listas blancas, marmol negro, y alguno verde: mucha piedra de cal, y algunas peñas grandes de pedernales de escopeta, blancos y colorados, con algunos espejuelos dentro como diamantes: mucha piedra de amolar, y otra amarilla que parece vitriolo. De animales terrestres solo vieron guanacos, liebres y zorrillos. Aves algunas, pero casi todas marítimas, como patos de varias especies, chorlitos, gaviotas, &c. Hay leones marinos en gran número en los islotes dentro del puerto, y vieron manada de ellos de mas de ciento. Su figura es la misma que la de los lobos marinos, y solamente los llamaron leones, por ser mucho mayores que los lobos del Rio de la Plata. Hay de ellos rojos, negros y blancos, y metian tanto ruido con sus bramidos, que á distancia de un cuarto de legua engañaran á cualquiera, juzgando son vacas en rodeo. Mataron muchos los marineros por su cuero, que la carne es hedionda, y casi toda grasa sin magro. El Padre Cardiel tuvo la curiosidad de medir algunos, y eran los mayores como vacas de tres años: la figura es de los demas lobos marinos; cabeza y pescuezo como de terneros, alones por manos, y por pies dos como manoplas, con cinco feos dedos, los tres con uñas. Algunos extrangeros los han llamado becerros, y tambien leones marinos, y los pintan en sus mapas con su melena larga de leon. No es así. Tienen algo de mas pelo en el pescuezo que en lo restante del cuerpo, cuando aun ese del pescuezo no tiene el largo de un dedo. La cola es como de pescado; y de ella y de los alones de las manos se sirven para andar por tierra: bien que no pueden correr mucho, pero se encaran con cualquiera que les acomete, y alcanzan grandes fuerzas, y vieron tirarse unos á otros por alto, con ser del tamaño expresado. A la multitud de estos leones ó lobos marinos atribuyeron la escasez de pesca en este puerto: pues aunque tendieron varias veces la red los marineros, solamente pescaron un pes gallo, y algunas anchovas y calamares.