XXI
Entró en la redacción con las orejas gachas, convencido de antemano de la regañina que le iban a echar, y desde luego resignado a sufrirla.
—¿No está el director? —preguntó asomando tímidamente la cabeza.
—¿Qué director?
—¿Qué director va a ser? Sánchez Cortina.
Todos le miraron asombrados.
—¡Pero cómo!... ¿no sabes?
—Ni una palabra. ¿Qué ocurre?
—¡Anda Dios! ¡Pues ahí es nada! ¡Friolera!
—Queridos, como no os expliquéis...