—Sí, vístase usted —exclamó Federico Guijarro—, tengo en la calle el automóvil; le llevo a usted al Español en tres minutos. Matamos cuarenta personas y diecisiete perros; pero yo le prometo a usted que llegamos.

—¿Creéis que llegaré?

Y ya iba nervioso a ponerse el gabán, cuando Isabelilla le cogió de un brazo.

—¡Tonto! ¿Para qué esas prisas? ¿Para qué quieres llegar si ya has llegado?

Madrid, 30 de septiembre de 1903.

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CONCURSO DE NOVELAS

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