¿Cómo podré matalla, si aún la amo?

Acaso por salvarse aquella noche

aceptó del de Toro sin reproche

el amor y la fe y el galanteo...

Mas aquel «Pero mío», aquel sobeo

delante de mi faz, estuvo feo;

porque él llegó a palpalla,

que yo lo vi con estos ojos, ¡ay!

y ella debió oponerse, ¡qué caray!,

al ver lo que yo hacía por salvalla.