si lo que juré, sé que
lacra mi boca y la sella?
¿Cómo, ¡ay Dios!, compaginallo
si este desengaño ¡ah!
no puede dejarme ya
ni tiempo para pensallo?...
(Saca el puñal, lo besa y lo contempla con arrobo.)
¡Puñal de puño de aluño!...
orgullo del puñalero