y luego me dijo con voz embargada:

Dígale, don Nuño, que presto mi espada

rendiré ante ella, que presto iré a vella,

que presto la boda será celebrada

para que termine presto mi querella...

(Levantándose.)

Conque, Magdalena, tu suerte está echada,

mi palabra dada y mi honor en ella;

serás muy en breve duquesa y privada;