y eso fué una daga que horadó mi pecho.
MENDO
(Mirándola con profundísima pena.)
¡Pobre morabita, nieta de Mahoma,
fuego de mi nieve, nieve de mi fuego,
luminar lejano de mi eterna noche,
rosa que perfumas en mi campo yermo!...
¿Qué traidora mano vertió en tus entrañas
la negra semilla de los tristes celos?
AZOFAIFA