Claro está que lo escuché,

y sólo a fuerza de fuerzas

me he podido contener,

que tal temblor dió a mi cuerpo,

tal hormiguillo a mis pies,

que no sé cómo don Nuño

no lo advirtió, no lo sé.

¡Casarte tú con el Duque

siendo amante del Marqués!...

¡Ser esposa de don Pero