aprovechando mi fatal ceguera,

con este y con el otro se enredaba,

y más que blanca flor que perfumaba,

era torpe y maldita enredadera!...

¡Con lo que yo la amaba, que ella era

mi norte, mi pendón y mi bandera!...

¡Triste suerte la mía!

¿A quién sale con tal coquetería?

¿Lo imagináis tal vez?

NUÑO