¡El Rey!... ¡Qué desengaños!
¡Después de una amistad de tantos años
resultar que era él, mi condiscípulo,
el que en la corte me ponía en ridículo!...
Y debe amarla aún, que aunque sostiene
que viene aquí por mí, por mí no viene.
Esas son ocurrencias de retórico.
¡Viene por mi mujer!
Eso es histórico...