Como el comandante Prune ha hecho la misma advertencia a su apadrinado, síguese que en el segundo encuentro los adversarios se atacan con una violencia no exenta de torpeza; hay un cuerpo a cuerpo que regocija al operador de cine; precipítase Julio para separar a estos dos furiosos; pínchase fuertemente en el índice; lo vendan; descanso.

Tercer encuentro: más calma; tejemaneje insignificante y anodino; sin embargo, la espada del vizconde roza la muñeca de Gómez.

JULIO (lleno de esperanza).—¡Alto! ¡Ha sido usted tocado, caballero...!

Se desnuda al español; no tiene nada; se le vuelve a vestir; se desinfectan las espadas.

Cuarto encuentro: al esbozar una tímida agresión, el vizconde se pincha en la muñeca con la espada tendida de su compañero. ¡No se ha escapado esto a la mirada vigilante de Julio!

JULIO (precipitándose con el bastón levantado).—¡Alto...!

Los médicos se apoderan de la muñeca que les tiende el vizconde, un poco pálido, y, a fuerza de apretársela, hacen salir una gotita de sangre de la herida.

JULIO (satisfecho).—El duelo ha terminado, caballeros, puesto que uno de los adversarios se encuentra en condiciones de inferioridad.

Ceremonia de la reconciliación; después de una corta pero cortés discusión, Gómez se adelanta hacia el vizconde y le expresa la esperanza de no haberle herido mortalmente; el otro le tiende la mano tan poco ensangrentada; hay un asalto de finezas.

GÓMEZ.—Pronto será mediodía. Usted no ha desayunado y yo tampoco. ¿Quiere hacerme el favor de ser mi huésped en compañía de sus amigos?