LA SEÑORA LABRON (furiosa).—¡Hay que decirlo! ¡Ha besado a mi hija...!

LA SEÑORA JOZIELLE (estupefacta).—¡Oh...! ¿Y dónde...?

LA SEÑORA LABRON.—¡En la boca, señora, en la boca...!

LA SEÑORA JOZIELLE.—¡Usted perdone! Quiero decirle que en qué lugar ha sido ello.

LA SEÑORA LABRON.—¡La ha besado en el locutorio, señora...! ¡Y en la boca, señora...!

LA SEÑORA JOZIELLE.—Estoy llena de confusión. Es la primera vez que ocurre una cosa parecida en el Liceo Montespan... ¡Y el señor Chabregy...! ¡Oh! ¿Quién le contó este incidente...?

LA SEÑORA LABRON.—¡La misma Pepita! Entró en casa, me cogió aparte y me dijo: «Madre mía: amo al señor Chabregy. Me ha besado en la boca. ¡Quiero casarme con él...!» ¿Se convence usted ahora?

LA SEÑORA JOZIELLE (muy disgustada).—¡Evidentemente, puesto que la víctima ha denunciado a su seductor...! Además, he hecho interrogar a Pepita por la señora Rouvert, mi subdirectora, y ella ha confesado, ruborizándose, lo que usted acaba de decirme...

LA SEÑORA LABRON.—¡Ah! ¿Lo ve usted...? ¡Qué sátiro...!

LA SEÑORA JOZIELLE.—¡No nos precipitemos...! Primeramente hay que instruir el proceso, saber cómo ha ocurrido la cosa, las circunstancias que concurrieron...