a llevarse los niños...
que iba también durmiéndose...
que duermen pocóóóóó...
entre las blandas nieblas de su pasado...
¡ah, ah, ah, aaaaah!
—¡Qué buena madre hace!—pensaba.
Alguna vez, hablando del percance que la hizo nodriza, le preguntó Don Rafael:
—Pero, chica, ¿cómo pudo ser eso?
—¡Ya ve usted, Don Rafael!—y se le encendía leve, muy levemente el rostro.
—¡Sí, tienes razón, ya lo veo!