Después de saludar a Mercedes y de besar a Corito, Aviraneta se dirigió a España.

Estaba la frontera llena de partidas realistas; en Irún era Aviraneta conocido y no le pareció muy prudente entrar por allá llevando papeles en la maleta. Así que, desde San Juan de Luz, a caballo, entró en España por Vera de Navarra.

La primera persona con quien se topó en Vera fué el teniente Leguía, que, según le dijo, iba a salir, a la mañana siguiente, camino de Elizondo con su tropa.

Fermín Leguía le habló de una cuenta pendiente que tenía con el prior del convento de capuchinos de Vera y con el párroco de la iglesia. Leguía estaba dispuesto a perseguirlos y a no dejarlos en paz hasta aplastarlos.

Fermín le dijo que por aquellos contornos se repetía, como un refrán, este dístico en vascuence:

Veraco, Fermín Leguía,

alderaco, contraco baño obía.

(Fermín Leguía, el de Vera, mejor para amigo que para enemigo.)

Fermín andaba con una partida de ciento sesenta hombres; ochenta de la cuarta compañía del batallón ligero de cazadores de Pamplona, cincuenta a sesenta de Hostalrich y Bailén y veintitantos del resguardo oficial.

Fermín recorría el Bidasoa y el Baztán; pensaba atacar a los absolutistas que se habían apoderado de Valcarlos, y pegar fuego el mejor día al convento de capuchinos de Vera, a la parroquia y hasta al pueblo.