Aviraneta, con una patrulla, se acercó al río Tajuña, a atravesarlo por un puente, cuando se le acercaron varios fugitivos de la división de O'Daly, que le contaron el desastre sufrido por ellos. Aviraneta corrió a dar cuenta del suceso al Empecinado y se decidió la retirada. Se recogieron los fugitivos de las tropas batidas por la tarde, se recobraron dos piezas pequeñas de artillería de las abandonadas por O'Daly y se dió la orden de marcha. El grueso de la fuerza tomó por el camino de Valdeavellano y el teniente coronel Van-Halen por Atanzón. Con barro hasta la rodilla, sin comer y sin descanso, muertos de frío, mojados, a la una de la noche, después de diez y ocho horas de marcha, llegaron Aviraneta y el Empecinado a Valdeavellano, donde se tendieron como pudieron en un pajar. Al día siguiente, las fuerzas del Empecinado volvían a Guadalajara, y don Francisco Bringas, oficial de la Milicia Nacional voluntaria de caballería, llevaba setenta y dos prisioneros, que entregó en Madrid, de los noventa y siete hechos por el Empecinado en Caspueñas.
VI.
LO OCURRIDO A O'DALY
Don Demetrio O'Daly era el comandante general de Castilla la Nueva. El Gobierno, al saber el avance de Bessieres, le encomendó la tarea de batir a los realistas, operando en combinación con las fuerzas del Empecinado.
O'Daly participaba del odio de los militares de carrera por los guerrilleros y del desprecio de los masones por los individuos afiliados a la Comunería. Además de esto, O'Daly, como todos los criollos, se creía aristócrata. No era extraño que no quisiera ponerse en relación con el Empecinado, guerrillero, comunero y plebeyo. Las fuerzas con que contaba O'Daly no eran bastantes para batir a los realistas; pero O'Daly quería a todo trance atacar solo con sus tropas.
La noticia de que Ulman se había separado del grueso de los realistas y marchado a Caspueñas, y de que Bessieres, en compañía del ex franciscano Talarn, no tenía mas que unos dos mil hombres cerca de Brihuega, alentó a O'Daly a marchar solo contra los facciosos.
El día 24, por la mañana, sin avisar al Empecinado, salió con su columna en marcha hacia Brihuega.
El avance fué difícil y penoso por las lluvias y el barro del camino.