Esta ocurrencia produjo la desmoralización de los realistas, que comenzaron a dividirse en partidas. Bessieres, con la suya, intentó penetrar en Cuenca, y rechazado marchó hacia Sigüenza y luego a Aragón; Chambó se dirigió al Maestrazgo, y Ulman y Capapé, camino de Valencia.

La persecución no fué del todo activa. Al llegar los realistas al Tajo en Poveda se hundió el puente y parte de la retaguardia no pudo pasar.

El fraile Talarn, con más de quinientos hombres, tuvo que dirigirse a Peralejo de las Truchas, y atravesó el río por allí sin que nadie le saliera al encuentro.

Así como entre los liberales se habló de traición a raíz de la derrota de Brihuega, se habló de traición entre los absolutistas después de la retirada de Huete.

La Junta de Mequinenza ordenó a Bessieres que fuera de nuevo a Madrid, y como el francés no hiciera caso, Adán Trujillo, que se titulaba gobernador de Mequinenza, lo acusó de traidor y publicó un bando en el que ofrecía dos mil duros por la cabeza de Bessieres, a quien llamaba masón y republicano.

El 21 de febrero el Empecinado entró en Sigüenza. Se decía que Capapé, con mil infantes y cien caballos, estaba en las proximidades del pueblo deseando entregarse; pero no resultó la noticia cierta. También se aseguraba que Bessieres había reñido con sus oficiales y que, separándose de la columna, quería abandonar las filas realistas.

El Empecinado continuó la persecución de las partidas; llegó el 24 de febrero, al anochecer, al Burgo de Osma, donde entró con Aviraneta y cuatro soldados. Se siguió avanzando por Soria y la serranía de Yanguas hasta cerca de Agreda, en cuyas inmediaciones el enemigo se dispersó en pequeños grupos.

Desde Agreda, el Empecinado y Aviraneta volvieron a Sigüenza, y de aquí marcharon a Aranda, en donde estuvieron un día.