—La marca, la marca.
En esto se descorrió la cortina negra, y, en el fondo, aparecieron dos enmascarados con un braserillo encendido. Regato, al verlo, dió un grito espantoso y se levantó de la silla. Se produjo un gran barullo y se oyó un silbido agudo. Algunos carbonarios, entre ellos el Majo de Maravillas, sujetaban a Regato; pero otros se habían puesto delante de él, defendiéndole.
—¡La ronda! ¡La ronda!—dijeron varios.
Aviraneta, curioso, contemplaba la escena. Pronto pudo comprender que Regato tenía defensores entre los carbonarios. En aquella sociedad había polizontes, como en casi todas las sociedades secretas.
Al segundo silbido se oyó llamar a golpes en la puerta. Era la ronda; los carbonarios guardaron su careta, y cada uno, embozado en su capa, escapó por la puerta de la Carrera de San Jerónimo. Regato se había salvado.
XII.
TERESITA
Dos o tres días después, la madre de Aviraneta decidió marcharse a Irún con su vieja criada Joshepa-Anthoni.