Toda una turba de cantineros, busconas y viejas celestinas de Jerez, el Puerto de Santa María, Puerto Real y San Fernando se movilizó detrás de la columna, con una impedimenta de caballos, mulas y borriquillos.


V.
EL EMPECINADO

Aviraneta quedó en San Fernando, y viendo que con aquellos militares de carrera no podía simpatizar ni colaborar, abandonó la isla gaditana y se marchó a Sevilla.

De Sevilla tomó la diligencia para Madrid. Visitó a madama Luisa, que le dió noticias de la gente palaciega, que estaba muy asustada con las noticias de la Revolución, y fué a ver a los amigos masones, a quienes encontró muy reservados y timoratos.

En vista de que Madrid tampoco respondía, don Eugenio se dirigió a Aranda y fué a buscar al Empecinado en su finca de Castrillo de Duero. El Empecinado le dijo que había pensado en dar un golpe para proclamar la Constitución en Valladolid y que llegaba oportunamente.

La buena acogida de don Juan Martín hizo olvidar a Aviraneta sus fracasos de Andalucía.

Al saber que ya había algo preparado y organizado, Aviraneta quiso contribuír a la empresa, y equipó y montó por su cuenta diez hombres, que se unieron a los del Empecinado.

Éste contaba con bastante gente, entre ellos un joven de Peñafiel a quien llamaban el Licenciado Mambrilla.