—Todo eso es cierto.
—Y concluyó afirmando que si le daban a usted medios, acabaría usted con la facción al momento.
—Tanto como eso, no lo puedo asegurar. Nadie puede contar con el éxito; pero intentaré.
—¿De manera que acepta usted?
—Sí, señor.
—¿Condiciones?
—Para mí, ninguna. Lo hago por amor al arte.
—¿Qué necesita usted?
—Un escuadrón de caballería con buenos caballos y buenos jinetes. Yo mismo escogeré los caballos. Formaré tres pequeñas columnas, que las mandarán dos amigos míos y yo.
—Muy bien.