—Pero sabía usted que estaba, si no, no hubiera usted dicho que no lo había visto.
—No, señor, no sabía que estaba.
—Tenga usted en cuenta que nosotros fusilamos a los que nos engañan.
—Está bien.
—Otro testigo—dijo Aviraneta.
Entró un vecino y comenzó un nuevo interrogatorio.
Estaba clareando; algunos aldeanos se acercaban, curiosos, a la puerta de la posada atraídos por la patrulla de caballería.
Aviraneta, después de interrogar a varios vecinos, se convenció de que el pájaro había volado.
—No tenemos suerte—le dijo a Frutos—. Almorzaremos y seguiremos adelante.