Al mismo tiempo que se hacían estos interrogatorios en la posada, un bulto negro había intentado salir del pueblo y cruzar por entre dos soldados de caballería.

—Alto, ¿quién vive?—dijeron los soldados.

—España.

—¿Qué gente?

—Gente de paz.

—¡Adelante!

El hombre dió varios pasos. Los soldados se apearon y se acercaron al individuo.

—Dese usted preso—le dijeron—; y cuatro manos le sujetaron.

—Preso, ¿por qué?

—Eso ya se lo explicarán a usted.