Colquhoun me recibió muy amablemente, pero me dijo que no sabía nada; él influía con el comodoro lord John Hay para que no se abandonara la empresa de Muñagorri, pero no conocía los planes del Gobierno inglés.
Colquhoun me pareció un hombre amable y culto. Era matemático e ingeniero, y por la presión de lord John se había metido a politiquear y a intrigar, cosas para las cuales no tenía condiciones.
Volví a San Sebastián y fuí a Hernani, en donde me dijeron que encontraría a Jáuregui. Efectivamente, le encontré; le di la carta de Alzate, y me preguntó por mi tío Fermín, y nos hicimos muy amigos. Tenía él que ir a Urnieta; le ofrecí mi coche; aceptó, y fuimos juntos.
Me dijo que O'Donnell y él pensaban hacer un reconocimiento en Vera, y que le iba a ver en aquel momento al general para ponerse de acuerdo en los detalles de la expedición.
—¿Cree usted que yo le podría hablar a O'Donnell?—le pregunté a Jáuregui.
—¿Acerca de qué?
—Acerca de la actitud que piense tener con relación a Muñagorri.
—No le contestará a usted nada.
—¿Está usted seguro?