—¿No hay que hacer más que eso?
—Luego recibirás a los agentes nuestros, a quienes irás citando en distintos sitios por los nombres y señas que yo te daré, y harás una minuta clara con todos los detalles posibles de lo que te diga cada uno de ellos. No importa que te repitas. Cuantos más detalles, mejor. Hecha la minuta se la leerás al agente; luego la escribirás con tinta simpática, y si hay una parte importante de nombres y de señas la envías por separado y empleas la plantilla número uno.
—Está bien. ¿Usted no va a ir Bayona?
—Por ahora, no. Ya veremos cuándo. Si fuera allí, los carlistas y Gamboa pondrían en juego todas sus intrigas para expulsarme. Pita Pizarro ha querido que yo nombrase cónsul a algún amigo mío.
—¿Y por qué no le nombran a usted mismo?
—Eso produciría un escándalo y no adelantaríamos nada.
—Bueno, ¿qué más?
—Conviene también que vayas a San Sebastián; que veas a mi primo Alzate, y que éste envíe un confidente a Azcoitia, para que le diga en qué condiciones vive Don Carlos, en qué casa, con qué servidumbre, qué guardia tiene, etc., etc.
—Entendido.