—Muy bien. La miraremos con languidez.
—La U es la Falcón; ya la conoces. No tienes mas que decirla que yo te he encargado de hacer una minuta, y ella en la trastienda te la dictará. La Falcón te citará el día que quieras a Luci Belz, que irá probablemente a la tienda de antigüedades a hablar contigo.
—Bueno.
—La V es Valdés, un Valdés que llaman de los gatos; ¿tú no habrás oído hablar nunca de él?
—No.
—Valdés es un elegante, un petimetre de hace años, que unas veces está en París y otras en el ejército carlista. Manuel Valdés hace quince o diez y seis años era un buen mozo: alto, guapo, moreno. Quiso ser de la Escolta Real, y no le aceptaron por su liberalismo. Entre los años 20 a 23, Valdés fué un dandy madrileño. Era de los que usaban monóculo y de los primeros en poner en la Corte la moda de los sombreros blancos y las levitas verde lechuga con cuello de terciopelo. Este lechuguino tomó parte en la jornada del siete de julio, formando parte del Batallón Sagrado. Se cuenta que por entonces estaba en un salón presumiendo, cuando entró el gato de la casa; un gato de Angora muy lucido.—¡Qué hermoso es! ¡Qué elegante!—dijo alguno—. Es el Manolo Valdés de los gatos—replicó el mismo Valdés—. Desde entonces a Manolo le quedó el nombre de Valdés de los gatos. En el faubourg Saint-Germain le llaman le beau Valdés. Al entrar los franceses de Angulema, la gente baja de Madrid estuvo a punto de matar a Valdés, y el hombre se hizo absolutista. Ahora es públicamente carlista y privadamente agente secreto de María Cristina.
—Es una fórmula individual como otra cualquiera.
—Este Valdés tiene que ir con frecuencia a Bayona. Te irá a ver. Quizá te cuente algo curioso. Se le mandarán tus señas a la casa en donde vive en París.
—Vamos con la letra X.
—Vamos con ella. La X es Pedro Martínez López, un señor que escribió un folleto contra María Cristina por encargo de su hermana la Infanta Luisa Carlota.