—¿Quiere usted que le lea lo que he escrito?

—No, ¿para qué? Mi última palabra es ésta: ¡dinero, dinero y dinero!

—¿Lo necesita usted inmediatamente?

—Sí.

Le di dos mil pesetas que llevaba en el bolsillo, y me firmó un recibo con la inicial Y.

—Tendrán ustedes pronto noticias mías. Diga usted al Gobierno de Madrid que si quiere emplear dinero, se hará todo..., si no, esto seguirá no sabemos hasta cuándo.

Gabriela me indicó que antes de un mes estaría en Bayona de nuevo para sus negocios, y que me avisaría por Iturri.

Bertache pagó la botella de Champaña y salió con su novia de la taberna contoneándose, golpeando el suelo con el bastón.

Yo me marché a dormir a San Juan de Luz, y al día siguiente estaba en Bayona.