LA TRAICIÓN Y EL VALOR

Bertache era como un gato montés, como una alimaña.

Hay el lugar común general de identificar el tipo del traidor con el del cobarde. La retórica corriente, que llama cobarde atentado al atentado de un anarquista fiero y de un terrible valor, quiere que traidor y cobarde sean sinónimos.

Estas son ilusiones del buen burgués, tranquilo, apacible, a quien inciensa cotidianamente el periodista con sus adulaciones. Claro, es lógico que haya algunos espías y traidores, cobardes y pusilánimes; pero la mayoría son valientes y atrevidos. En cambio, en el buen burgués, honrado, hasta cierto punto, y patriota, se da el caso del tipo cobarde con muchísima más frecuencia.

El valor no es un resultado intelectual, ni moral, sino un caso de fuerza nerviosa.

Bertache era de una fiereza y de un valor de tigre, de estos hombres de cieno y de sangre que no tienen ninguna idea política, ni religiosa, ni social, y que marchan dejando a su paso un rastro de violencia y de crímenes.

A las diez de la noche, Bertache se levantó dispuesto a marcharse.

—¿Adónde va usted ahora?—le dije.

—Voy a Vera, donde dormiré un par de horas, y para el mediodía estaré en Almandoz.