Me chocó que hubiese tanta gente en la calle, y luego me fijé en que había colgaduras en los balcones.

—¿Qué pasa?—pregunté a unos aldeanos.

—Que viene el obispo de Bayona en visita pastoral.

—¿Cuándo?

—Ahora mismo acaba de llegar el coche.

LLEGA EL OBISPO

Esperé una media hora, y comenzó a pasar la comitiva que precedía al obispo. Venían primero cuatro zapadores con morriones inmensos, adornados con estampitas, delantales de cuero y hachas de cartón al hombro; luego, cuatro trompetas y cuatro tambores; después, varios jóvenes con boinas rojas, chaquetillas también rojas, pantalón blanco y sable, y otros muchachos, jinetes en caballos pequeños, enarbolando banderas blancas. Me pareció una manifestación realista.

Después venía el obispo, rodeado por la gente del pueblo, saludando y echando bendiciones y dando a besar la mano, sobre todo a las señoras.

En el tropel vi a una mujer guapa, morena, que me llamó la atención.